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La palabra, el poder y la violencia

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Publicado

08 Feb 2016


La palabra, el poder y la violencia

Reflexiones sobre la palabra de las víctimas, los perpetradores y los periodistas y académicos, con motivo del Informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, La palabra y el silencio: la violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015).


Hemos entrado al reino de la palabra: ella está presente en las negociaciones de paz, en la voz de las víctimas, y desde ya reclama un lugar en la anunciada comisión de la verdad, y en el Museo de la Memoria…Todo nos conduce a la palabra y al relato. La historia de nuestro instante es narrada a través de la palabra.

La palabra y el lenguaje nos han permitido estar, ser y permanecer de múltiples formas. Ahora mismo nos permiten que Colombia sea una Ágora de innumerables voces.

Me centraré hoy en tres estilos de expresión y composición de la palabra: la palabra de las víctimas, la palabra de los perpetradores y la palabra de los periodistas y académicos. Hoy la palabra atraviesa todo la escena social y del conflicto. La palabra cuenta y está sometida a muchos usos y abusos.

Comenzaré por una palabra relevante que ha adquirido en nuestro contexto político un valor enorme, y que es uno de los hilos con los cuales hemos comenzado a tejer la memoria. Me refiero a la palabra de las víctimas.

En el tejido que construimos de memoria hemos experimentado y sentido el valor que la palabra tiene en las incansables búsquedas de las víctimas.

Las víctimas no solo quieren hablar hoy, sino que han empezado a hablar hace ya décadas. Ellas buscan que su voz se escuche, y que su palabra sea tenida en cuenta. En múltiples ocasiones, las víctimas han surgido a través de la palabra y sus relatos. Pero también a través de la palabra buscan cambiarle el sentido a su condición de víctimas.

Las víctimas se empoderan políticamente a través de la palabra y se convierten en protagonistas y sujetos de derechos. El poder que pretendieron arrebatarle sus victimarios, al infligirles dolor, lo han reconvertido en capacidad de enunciación de su reclamo y de sus propuestas de transformación y superación de la violencia.

Las víctimas son ellas mismas narradoras de lo que les pasó, de cómo ocurrieron los hechos, de quiénes estuvieron presentes, de quiénes las victimizaron y de qué ausencias les dejó la barbarie. Su palabra circula. Su gran inquietud es por tanto: ¿”y qué van a hacer con mi palabra”?

Con la palabra de las víctimas tejemos memoria, tejemos país y tejemos futuro.

En segundo lugar quisiera llamar la atención sobre otra palabra que ha tenido espacio en los escenarios judiciales, públicos y políticos de nuestro país. Sobre una palabra que nos ha revelado el horror, que nos ha mostrado la capacidad del ser humano de hacer daño, y que nos ha hecho evidente el por qué reclaman las víctimas y el por qué se conmueve la sociedad, aunque no con toda la fuerza debida.

Estoy hablando de la palabra del perpetrador. Esa palabra que ha servido, en ocasiones, para aceptar responsabilidad y para confesar, pero también en otras muchas para legitimar y ocultar las tropelías.

En cierta forma, y de manera paradójica, cuando se han logrado confesiones, a través de la palabra, los perpetradores han permitido que veamos en ellos, en su palabra, el rostro, el cuerpo y el dolor de las víctimas.

Hago alusión a la palabra de los perpetradores con matices. El horror que han generado es tal que frente a él enmudece con frecuencia la palabra. La palabra del perpetrador expresa muchas verdades mutiladas o justificaciones oprobiosas. Se hace evidente aquí la máxima tensión entre quién habla y de qué habla.

La palabra de los perpetradores ha tenido mucho espacio público en nuestro país. Un reclamo plenamente justificado del mundo de los derechos humanos fue que a estos se les daba más espacio que a las víctimas. Y es ahí donde tenemos que detenernos, y preguntarnos qué dicen los perpetradores y con qué intención. ¿Con intención de confesar y resarcir, o con la pretensión de encubrir y legitimar o minimizar las atrocidades cometidas?

Los perpetradores trastocan muchas veces la función de la palabra que es comunicar, por una modalidad de uso para ocultar, tergiversar y confundir.

Develar su palabra es una tarea del presente, y sobre todo es una tarea de la memoria. Los hilos con los que tejemos la memoria también deben elegir cuáles de las palabras de los perpetradores narrarán nuestra guerra. Y elegir ojalá aquellos hilos de la confesión que a gritos claman por la no repetición.

Con la palabra de los perpetradores develamos otros sentidos de la memoria, y también caminamos incómodamente el pasado.

Finalmente, aparece la palabra de los testigos, de los narradores, de quienes escuchan el dolor, la vida y la muerte de las víctimas y el discurso de los perpetradores.

Estoy invocando una tercera manifestación de la palabra. La palabra de quienes construyen relato, historia y conocimiento. Me aproximo aquí a la palabra de los periodistas, pero también a la palabra de los académicos.

La palabra del testigo, del periodista, no es la palabra como fuente. La fuente está en la escena de los hechos. La fuente está en la vida de los protagonistas. La palabra de los testigos, de los periodistas, puede asimilarse a caja de resonancia pública de lo acontecido.

Los periodistas son en efecto mediadores entre los protagonistas y la sociedad. Mediadores entre lo acontecido y lo relatado.

Es a través de ellos que la sociedad accede al lugar de los hechos, y según la narración puede ver lo acontecido, puede ver o no ver a los protagonistas, puede entender o no las escenas, puede recoger con su conocimiento hechos, emociones, sensaciones y tramas narrativas.

El relato periodístico, traducido en crónicas, ubica a estos testigos no solo como informantes sino también como intérpretes de contextos, y de muchas otras voces que son las que les sirven de fuente.

El testigo, el periodista, no es depositario de la verdad, pero tiene una inmensa responsabilidad frente a ella, frente a cómo contar y a cómo descifrar la palabra de los otros y las otras, víctimas o perpetradores.

El periodista no es sicólogo, sin embargo, tiene en sus manos recursos de poder para poner en la esfera pública historias que de otra manera pudieran quedar fácilmente reprimidas, en la ignorancia o el olvido.

La palabra del periodista se despliega en los escenarios de las luchas políticas, en los escenarios de la memoria. La palabra del periodista es otro de los hilos con los cuales tejemos memoria.

La narración periodística al igual que la de los académicos no es pasiva o neutra. Produce conocimiento e interpretación de múltiples realidades, y también trasluce preferencias.

Todas estas palabras y voces que he puesto de relieve en estas reflexiones, enfrentan hoy, en esa inmensa Ágora que es Colombia, en el espacio abierto de la negociación, un reto: sobrevivir a la guerra y convertir el silencio en grito contra la violencia…esta es la misión del momento: ser palabra para nombrar la devastación que ha dejado la guerra. Ser palabra de sobrevivientes en resistencia a la guerra, ser palabra para La Paz.

Con todo y se trata en Colombia no de la potencia de la palabra que habla, sino de la palabra silenciada a lo largo de más de tres décadas. Aquí, de alguna manera, nos ensordecen las voces de los silencios inducidos por las violencias cruzadas del país.

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Rechazo a violencia contra sectores LGBT en Chaparral

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Publicado

06 Mar 2017


Rechazo a violencia contra sectores LGBT en Chaparral

El viernes 17 de febrero se encontró un cuerpo a las afueras de Chaparral, Tolima. La víctima fue identificada por la Asociación Chaparral Diversa LGBTI, como Danna Méndez, de 19 años, lideresa de esta asociación.


Danna Méndez, mujer transgénero, lideresa de la Asociación Chaparral Diversa LGBTI, había sido reportada como desaparecida seis días antes de que su cuerpo fuera hallado a las afueras de Chaparral. De acuerdo con el dictamen de Medicina Legal, el cuerpo presentaba múltiples signos de violencia sexual y golpes. En un comunicado en su página de Facebook, la Asociación Chaparral Diversa LGBTI, manifiesta que este es el segundo caso conocido en menos de cinco años.

Danna participaba de los procesos de memoria que viene adelantando la Asociación Chaparral LGBTI Diversa en el municipio, enfocados en la visibilización de las afectaciones de las personas de los sectores LGBT por causa del conflicto armado, y dirigidas a fortalecer sus procesos de reconocimiento de derechos por parte del gobierno local.

Actualmente, en articulación con el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), desarrollan una iniciativa de memoria que busca reconstruir la historia del reinado trans del río Tuluní, el cual se venía desarrollando desde el año 2000 y que a causa de los hostigamientos y amenazas de los grupos armados, tuvo que ser suspendido. “La celebración del reinado podía poner en peligro a las mujeres al hacerlas visibles frente a los actores armados”, líderesa. 

Este asesinato hace imperativo avanzar en el entendimiento de la paz no solamente como el fin del conflicto, sino como un proceso que debe incluir la transformación de las ideas que sustentan la discriminación, y que justifican las violencias sobre quienes son diferentes, incluyendo a las personas con identidades u orientaciones sexuales no hegemónicas.

En este sentido, la iniciativa de memoria busca ser un ejemplo de resistencia y construcción de paz, al abogar por el respeto a la vida y a la diversidad.

El CNMH rechaza el asesinato de Danna Méndez y reitera el respaldo y compromiso con todos los defensores de derechos humanos que resisten de forma pacífica por medio de la memoria, el arte y la cultura; y de manera particular, con la Asociación Chaparral Diversa LGBTI, con quienes continuaremos construyendo memorias para la paz.  

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Rovira, sin estigma

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Publicado

29 Jun 2017


Rovira, sin estigma

Cómo una tesis universitaria sobre memoria histórica en el Tolima, sirvió para que la gente de un pueblo comenzara a hablar de su estigma guerrillero.

 El departamento del Tolima es un lugar común en términos de violencia. Fue allí donde nació la guerrilla de las FARC hace más de medio siglo y por sus montañas se han trazado historias de dolor que sus pobladores esperan, algún día, dejar en el pasado.

Sin embargo, a pesar de que casi cada familia tiene un relato sobre el conflicto que contar, las nuevas generaciones evaden el tema o, simplemente, no hace parte de sus prioridades. “Reconstrucción de la memoria colectiva de Rovira: entre el olvido y la historia”, la tesis de tres estudiantes de periodismo de la Universidad de Ibagué, podría ser una excepción.

Todo comenzó casi como una excusa para graduarse. Gerson Silva, Camilo Montaña y Cristian Ortegón necesitaban un tema (lo único claro era que querían abordar el conflicto) que les permitiera aplicar buena parte de los conocimientos adquiridos durante su carrera. Decidieron investigar sobre Rovira porque “de todos los municipios del sur del Tolima, ése es el que menos se ha explorado en términos de violencia”, dice Gerson.

Ninguno de ellos había visitado el pueblo así que la primera tarea fue seleccionar grupos poblacionales que les permitieran tener un paneo general de lo que es y lo que ha sido el municipio en términos de conflicto armado. Seleccionaron dos grupos de estudiantes de colegio y uno de adultos mayores campesinos, y durante siete meses (mayo –noviembre de 2016) tuvieron más de una docena de reuniones en las que aplicaron las técnicas de los talleres de memoria histórica expuestas en La Caja de Herramientas del Centro Nacional de Memoria Histórica.

“Nosotros nunca habíamos trabajado la memoria histórica pero sí conocíamos los informes del Centro y las cajas de herramientas, y fue a eso a lo que echamos mano”, dice uno de los estudiantes de la Universidad de Ibagué.

La primera revelación en los talleres fue “el estigma”. En Rovira –como en tantos otros pueblos del Tolima- nacieron muchos de los comandantes de la guerrilla de las FARC y eso automáticamente ha hecho que señalen a todos sus pobladores de guerrilleros. “Ese tema salió muy rápido en los talleres –recuerda Gerson- y es evidente que es algo que aún hoy los afecta”.

Si bien al principio los estudiantes de Ibagué no tenían claro cuál sería el resultado final de la tesis, fueron los mismos recursos dentro de los grupos poblacionales los que permitieron, al final, crear crónicas sonoras, fotografías y un documental sobre Rovira.

Como sucede en muchos lugares donde aún no es usual hablar de la guerra, no fue fácil que los adultos mayores contaran su historia. Hubo resistencia. Según los universitarios, Aristóbulo Torres fue uno de los que más se opuso al proyecto. Se mostró indiferente y hasta desconfiado del propósito de los tres muchachos de Ibagué. Pero en la medida en que fueron pasando los talleres tomó confianza: “En el tercer taller pidió el micrófono del polideportivo y contó una historia sobre las galleras, como de 30 minutos –dice Gerson-. Y dijo una frase que nos quedó retumbando a todos, `de un tiempo para acá, yo comprendí que no se trataba tanto del arte de cuidar gallos para llevarlos a matar, sino de tenerlos y cuidarlos. Ya no quiero más cuidar a un asesino sino a un amigo`”, dijo Aristóbulo en ese momento. La frase resumía el sentir de Rovira.

Y tal vez esa fue la gran lección de la tesis presentada con honores la semana pasada ante las directivas de la Universidad de Ibagué. Lo que al comienzo parecía un tema cualquiera para cumplir un requisito y graduarse, terminó siendo el primer trabajo de memoria histórica y periodismo sobre un pueblo cansado de que los señalen como “guerrillero”.

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Lo que han costado las luchas sindicales del sector palmero en el Cesar

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Publicado

24 Ene 2019


Lo que han costado las luchas sindicales del sector palmero en el Cesar

  • Entre 1971 y 2018 fueron asesinados 112 miembros de diferentes organizaciones sindicales de la industria de aceite de palma del Cesar, según una investigación realizada por Sintraproaceites, Fundesvic y el CNMH.
  • Un informe, una crónica ilustrada y una serie radial componen el proyecto “Y a la vida por fin daremos todo…”, que reconstruye la historia de trabajadores y extrabajadores de la agroindustria de palma de aceite de ese departamento.

Colombia es el cuarto productor de aceite de palma en el mundo y el primero en América Latina. La llegada al país de la palma de aceite de África, en la primera mitad del siglo XX, no solo permitió florecer el negocio de los jabones, detergentes y cosméticos. El arribo de estos gigantes de unos 20 metros de altura también está marcado por una estela de violencia, desplazamiento forzado, persecución y muerte, que los sindicalistas del Cesar no quieren que se olvide.

En el informe “Y a la vida por fin daremos todo…”, cerca de 80 integrantes de las organizaciones sindicales del sur y norte del Cesar reconstruyen las victorias, sacrificios y luchas sindicales de los trabajadores del sector palmero de este departamento. Este proyecto, conformado además por una crónica ilustrada y una serie radial, fue realizado por el Sindicato del Sector Palmicultor del departamento del César (Sintraproaceites), la Fundación de Apoyo y Consolidación Social para Desplazados por la Violencia en Colombia  (Fundesvic) y el Centro Nacional de Memoria Histórica.

  • “El regreso de la plantación: 2500 trabajadores a punto de explotar”.

  • Movilización sindical en San Alberto, años ochenta. Destacada participación de las mujeres organizadas en comités.

  • Sepelio de líder sindical, San Alberto, años ochenta.

La llegada de la palma de aceite al Cesar está rodeada de muchos mitos. Pero todos coinciden en que las primeras semillas arribaron a los municipios de El Copey y Algarrobo, en el norte del departamento, a finales de la década del 50. Por esa misma época también se establecieron los primeros cultivos de palma en el sur del departamento, concretamente en San Alberto, lo que una parte de la población celebró pues significaba la reactivación económica de esa región. En cambio para otros, principalmente para los colonos que habían llegado a ese territorio años atrás, la llegada de la palma significó una disputa por tierras, compras a bajo precio y despojos realizados por la empresa promotora del cultivo. Años más tarde algunos periodistas hablarían de la “República Independiente de Indupalma”, haciendo referencia al particular régimen laboral que imperaba en la zona, a los problemas de tierras, al control de los gobiernos locales, y a la influencia política y económica de los empresarios palmeros en el alto gobierno y el poder judicial.

Escuche aquí “La creación”, un podcast acerca del nacimiento de Sintraproaceites.

Desde un comienzo, los nuevos habitantes de las plantaciones empezaron a mirar con reserva sus condiciones laborales. Y muy rápido, los trabajadores vinculados bajo la figura de contratistas empezaron a expresar su descontento. Las precarias condiciones laborales, su aspiración de ser contratados a término indefinido acabando con el régimen de contratistas, y los bajos salarios, desembocaron en una histórica huelga realizada entre el 16 de agosto y el 12 de septiembre de 1977. Gracias a este hecho se lograron subsanar las principales necesidades de los empleados del sector palmero, pero los líderes sindicales se convirtieron en el blanco de señalamientos y amenazas por “guerrilleros”, “sapos”, “acaba-empresas” y “acomodados”. Además, los logros de la huelga fueron empañados por el secuestro de Hugo Ferreira Neira, gerente de Indupalma, a manos de la guerrilla del M-19. La liberación del empresario fue supeditada por la guerrilla, a la aprobación del pliego de peticiones presentado por los trabajadores ante la empresa Indupalma.

El 26 de octubre de 1986 dos impactos de bala provenientes de una escopeta doble cero y un revólver, acabaron con la vida del líder sindical Agustín Durán en el municipio de Minas; aún se desconocen los móviles y perpetradores de este asesinato. Él fue la primera víctima de una persecución armada, encabezada por los precursores de los grupos paramilitares, que entre 1971 y 2008 dejó 112 víctimas de asesinato selectivo en el sur y norte del Cesar. El Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica, estima que entre 1958 y 2018 un total de 3.146 líderes sociales fueron víctimas de asesinato selectivo en Colombia.

Escuche aquí “El difícil camino para la obtención del fruto”, un podcast sobre los impactos de la violencia contra los miembros y exmiembros de Sintraproaceites.

El próximo septiembre se cumplen 42 años de la histórica huelga de 1977. Y a pesar de que algunos tipos de violencia desaparecieron con el proceso de desmovilización de los grupos paramilitares, los miembros y exmiembros de Sintraproaceites siguen luchando en contra de los estigmas construidos contra la organización sindical y sus afiliados, y también por el cumplimiento de las convenciones colectivas de trabajo y la formalización de los trabajadores empleados a través de cooperativas.

Escuche aquí “La vulnerabilidad del sindicalismo”, un podcast que ahonda en los estigmas y acusaciones que rodean a quienes han pertenecido a Sintraproaceites.

Recorra la historia completa de esta comunidad a través de una crónica ilustrada y un informe que desde hoy podrán ser consultados.

 

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CNMH, Líderes, Palma de Aceite, Sindicalismo, Violencia

Tiempos de Vida y Muerte, el portal de las memorias indígenas

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Diana Gamba

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Diana Gamba

Publicado

12 Ago 2019


Tiempos de Vida y Muerte, el portal de las memorias indígenas

El 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas declarado por la Organización de Naciones Unidas, fue el día escogido para lanzar el sitio web del primer Informe Nacional de los Pueblos Indígenas. El portal se divide por entramados y tejidos, y mediante gráficas, videos, cifras e ilustraciones comparte las memorias de los 102 pueblos indígenas de todo el país.


El sitio web está construido como un telar: tiene dos entramados de larga duración, cada uno compuesto por tres tejidos. El primer entramado es sobre la historia política de los pueblos y las formas en que distintas violencias han atacado sus principios. Entre tanto, el segundo se centra en la concepción de vida y conflicto, con un especial énfasis en las afectaciones contra “la red vital”.

El sitio web es un avance de lo que se encontrará en el Informe, trabajo que se inició en 2017 y que se lanzará el próximo 12 de noviembre.

  • La unión de bases de datos de la ONIC y CNMH permitió registrar cifras de hechos victimizantes contra los pueblos en los últimos 60 años. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

  • “Para nosotros ha sido una historia de violencia de larga duración, desde 1492 hasta la actualidad. Que los pueblos pervivan es una responsabilidad de la humanidad”. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

  • “Queremos vivir tranquilos, queremos vivir en paz y que Colombia se reconozca en su diversidad.  Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”, dijo Óscar Montero. – Fotografía: Diana Gamba/CNMH

Con la presentación de la información que está alojada allí, con la asistencia de delegados y delegadas de diferentes pueblos indígenas, con música, danza y rituales de armonización se llevó a cabo el lanzamiento del sitio web del Informe Nacional de Pueblos Indígenas, un trabajo conjunto entre el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), que explica las violencias, sus consecuencias y las formas como han sido enfrentadas por los pueblos indígenas.

Durante el lanzamiento del portal, Óscar Montero, coordinador de este, expresó que el espacio fue una oportunidad para reivindicar y comentar la existencia de los pueblos indígenas, su lucha y resistencia.

En su concepto, el sitio web narra la larga duración de la violencia que ha ocurrido contra los pueblos indígenas. “Queremos que se conozca esa historia para que no se repita. Yo quiero que mi hija no repita lo que vivió el pueblo Kankuamo. En la página está lo que ha pasado con nosotros, pero también la memoria viva, aquella que muestra la riqueza de la diversidad de nuestro país”, agregó Montero.

La conmemoración de un nuevo Día Internacional de los Pueblos Indígenas se produce en momentos en que los 102 pueblos del país han declarado la emergencia humanitaria, económica y social. Esto ante las dinámicas de desplazamiento, confinamiento y asesinatos que se han venido presentado en zonas como el norte del Cauca y todo el pacífico colombiano. Según cifras de la ONIC, en el último año han sido asesinados 100 indígenas. “Exigimos garantías para que pare el genocidio”, dijo Luis Acosta, coordinador nacional de la Guardia Indígena en el Cauca.

A propósito del riesgo de extinción física y cultural de los pueblos indígenas, tal y como lo indica el Auto 004 de 2009 de la Corte Constitucional, el sitio web hace énfasis en el concepto de “la mala muerte”. Sobre ella, Carlos Benavides, investigador de Tiempos de Vida y Muerte: la lucha de los pueblos indígenas de Colombia, expresó que el asesinato de un líder, mamo o autoridad tradicional indígena implica la pérdida de saberes y sentidos de relación con la madre tierra.  “La muerte de una sola persona puede convertirse en una masacre contra los pueblos, pues un líder es el reflejo y sabiduría de la comunidad”, agregó Benavides.

Para Óscar Montero, este trabajo de más de dos años, el cual llevó a investigadores de la ONIC y CNMH a recorrer selvas, mares, sabanas y también ciudades, debe apuntar a que la sociedad colombiana los acompañe y entienda que los indígenas también hacen parte del país. “La sociedad civil debe saber que no solo nos acaban con los asesinatos, sino también con discriminación, racismo y políticas públicas”.

Rafael Tamayo, director encargado de construcción del CNMH, dijo que el sitio web “Tiempos de Vida y Muerte: la lucha de los pueblos indígenas de Colombia” considera que este es uno de los primeros trabajos académicos como territoriales entre una institución pública con vocación de reparación simbólica y académica, y los representantes de unos pueblos que históricamente han sido marginados y olvidados.

Así pues, este trabajo conjunto pretende colaborar con la difusión y comprensión de los procesos sociales y culturales de los pueblos indígenas. Al respecto, Rafael Tamayo recalcó que “el informe también demuestra la intención del Estado de trabajar por asuntos sociales y culturales sin perder de vista las afectaciones con ocasión del conflicto”.

Durante el evento, no sólo se enfatizó en las afectaciones físicas (ya sea individuales o colectivas), sino también en los daños que la guerra y ciertos proyectos económicos generan a la naturaleza y la cultura de los pueblos originarios. Así pues, el segundo entramado del sitio web presenta el concepto de “red vital” como la trama que relaciona el mundo natural, espiritual y humano y que frecuentemente se ve alterada por la violencia. “Si hay una alteración en el altiplano cundiboyacense, eso afecta también a las comunidades que están en la Sierra, por ejemplo”, dijo Carlos Benavides, investigador del informe.

El sitio web y posteriormente el informe que será lanzado en noviembre, estará siendo socializado en diferentes ciudades en actividades tanto del CNMH como de la ONIC. Los invitamos a entrar, recorrer y comprender esta propuesta narrativa www.memoria.onic.org.co/

 


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“Sin Tiempo para Olvidar”, la iniciativa que visibiliza a las personas mayores

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Juan Pablo Esterilla

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Juan Pablo Esterilla

Publicado

28 Ago 2019


“Sin Tiempo para Olvidar”, la iniciativa que visibiliza a las personas mayores

  • En el marco de la celebración internacional del mes por el reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores, el Centro Nacional de Memoria Histórica presentó el sitio web de Sin Tiempo para Olvidar, Memorias y Derechos de las Personas Mayores Víctimas del Conflicto Armado Colombiano en Barrancabermeja, una iniciativa de reconstrucción de memoria histórica liderada por la organización CORPOIDES en el departamento de Santander.
  • En ella, 24 personas mayores que residen en este municipio de Santander, describen hechos y contextos relacionados al conflicto, el mismo el cual han vivido en carne propia.
  • El cd de Sin Tiempo para Olvidar y su sitio web son los productos finales de esta iniciativa acompañada por el Enfoque Diferencial de Personas Mayores del CNMH. Los videoclips con sus respectivos perfiles, fotos y radiohistorias surgieron tras meses de jornadas de encuentro y entrevistas durante el 2018.

El público presente en la Cinemateca Distrital de Bogotá conoció este lunes 26 de agosto, las historias de doña Cleo, Eloisa Niño, Melida Silva, Wilson Suárez y Esterio Sarabia. Sus relatos, captados en pequeños cortos audiovisuales, son la muestra de que un grupo significativo de las personas mayores en Colombia, están teniendo una vejez y proceso de envejecimiento doloroso por culpa de diferentes manifestaciones de la violencia.

Según cifras del Registro Único de Víctimas, con corte reciente de junio, por lo menos 746.000, -el 8% del total de víctimas del conflicto armado- han sido personas mayores de 60 años. De estas personas, cerca del 70% ha sido víctima de desplazamiento forzado.

Y es que, durante el espacio, el cual contó con la presencia de Marlon Acuña, líder del Enfoque Diferencial de Personas Mayores del CNMH, y Paul Álzate, coordinador y realizador audiovisual de esta iniciativa de memoria histórica, recordaron la urgencia de garantizar que los relatos de estas personas mayores víctimas del conflicto armado en Colombia sean conocidos por las próximas generaciones.

  • “Ellos son la única fuente que nos pueden proveer ese conocimiento de lo que se vivía décadas atrás, su legado es muy importante”, Marlon Acuña. – Fotografía: Juan Pablo Esterilla/CNMH

  • La reconstrucción del tejido social, los diálogos intergeneracionales y la construcción de paz son solicitudes expresadas por las personas mayores en Colombia. – Fotografía: Juan Pablo Esterilla/CNMH

Uno de los puntos en los que giró en torno el conversatorio, fue el proceso de metodología que debió seguirse para poder desarrollar un producto con unas piezas con un tiempo límite de duración.

“Ese fue un reto y aprendizaje muy bonito. Las personas mayores tienen mucho que contar, han vivido mucho y cuando les preguntábamos por el conflicto nos decían -qué tanto quiere que nos devolvamos en el tiempo ¿hasta los 40s?”, comentó Acuña.

Adicionalmente, se discutió sobre las dinámicas a las que se están enfrentando las personas mayores víctimas del conflicto armado en Colombia. Estas van desde la incertidumbre sobre el paradero de un familiar desaparecido hasta la inseguridad, frustración y miedo que genera un presente sin estabilidad económica y en el que con cierta frecuencia son excluidos.

Para Álzate, sufrir la violencia teniendo 60 años o más, implica una afectación mayor. “Si asesinan a la persona que les ayuda económicamente, aparece el abandono y si quien fallece es su pareja, la depresión también se presenta con facilidad”, agregó.

El espacio sirvió también para destacar los roles que las personas mayores han venido desempeñando para reconstruir no solo sus familias, sino también sus comunidades. A la función de ser los cuidadores de sus nietos, por ejemplo, se les suma las de crear espacios para contar historias, compartir con la comunidad, hacer incidencia y volverse gestoras de paz o memoria.

Los invitamos entonces a conocer Sin Tiempo para Olvidar, un sitio web cuyas voces reflejan las consecuencias de la violencia, así como los recursos para hacerle frente a la guerra durante su experiencia acumulada de vida.

 


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