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Obra de teatro VICTUS

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Cortesía Casa E

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Cortesía Casa E

Publicado

24 Sep 2016


Obra de teatro VICTUS

El teatro colombiano se ha caracterizado por tejer lazos entre la realidad y la ciudadanía. Hablando con el cuerpo, narrando lo que otros callaron, evocando desde lo más íntimo del arte nuevas formas de ver el país e invitándonos a una reflexión profunda. Es por eso que en el marco de la programación de la IX Semana por la memoria, La Memoria una Aliada para la Paz, del Centro Nacional de Memoria Histórica, la obra de teatro VICTUS, dirigida por Alejandra Borrero, será una de las presentaciones artísticas y culturales de la semana.


VICTUS, el proyecto, fue liderado por Casa E Social. En él participaron víctimas del conflicto, ex combatientes, ex guerrilleros y ex paramilitares  que pertenecen a la Agencia Colombiana para la Reintragración ACR.  La obra ya tuvo dos puestas en escena el mes de mayo y contó con el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones OIM y la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos USAID.

La puesta en escena reúne a dieciséis personas con un solo objetivo, la reconciliación. VICTUS es un ejemplo de cómo el teatro une a seres humanos que la guerra segmento, quebró y confrontó al ponerlos en bandos opuestos. Y lo que parecía interminable, la guerra, terminó para estos hombres y mujeres, que fueron víctimas o victimarios, dejando su conflicto en un mal recuerdo del pasado.

La presentación de VICTUS hace parte de la propuesta del CNMH, donde la memoria se convierte en una aliada para la paz, que se manifiesta en el Decálogo por la Memoria de Gonzalo Sánchez, Director de la Institución: “Necesitamos de la memoria para poder dar el salto, en la arena política, de la confrontación entre enemistades absolutas al debate entre adversarios. Pero la necesitamos también para que el recuerdo no reaparezca como pesadilla en el futuro. Las sociedades que han renunciado a la memoria para tranquilizar su presente rara vez escapan al resentimiento de venganza”. 

Lugar: Casa E, Teatro Arlequín, carrera. 24 #41-69
Fecha: Martes 27 y Miércoles 28 de Septiembre 2016
Hora: 7:00 p.m.

Para asistir regístrate en este formulario.

Publicado en Noticias CNMH


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Teatro

Teatro: arte sanador para las víctimas

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CNMH

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CNMH

Publicado

09 Oct 2017


Teatro: arte sanador para las víctimas

Barcelona será el escenario de la fase dos de la iniciativa de memoria MUJER-ERES: el teatro como arte sanador, organizado por La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas en España. 


Del 17 al 20 de octubre de 2017 se realizarán talleres artísticos que tienen como objetivo construir la memoria colectiva, a través de las artes escénicas para romper el silencio y visibilizar las realidades e historias de vida de las mujeres en condición de exilio y refugio. 

La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas en España es una organización creada por diversas mujeres colombianas. Algunas de ellas son exiliadas o refugiadas por ejercer su trabajo de activismo en la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz en Colombia, quienes se vieron obligadas forzadamente a dejar el país. 

35 mujeres se darán cita en Barcelona para continuar su trabajo de construcción de memoria en donde aplicarán diversas metodologías para fortalecer la comprensión de la relación entre el cuerpo y la memoria, desde la perspectiva de las mujeres frente la experiencia del exilio. Las líneas de trabajo de los talleres, que se desarrollarán a puerta cerrada en un ejercicio interno de la organización, se enfocaran entorno a la recolección de historias de vida de mujeres víctimas del conflicto armado, para su puesta en escena como dramaturgia de la memoria con enfoque de género. 

Estos talleres son la continuidad de un trabajo realizado en 2016. Este Colectivo de mujeres, con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), se reunió para construir un performance basado en la memoria de las integrantes de la organización, dignificar y mitigar las vulneraciones sufridas por la mujeres a causa de la violencia. La acción artística se presentó en Barcelona ese año, en Casa Amèrica Catalunya, y permitió visibilizar el exilio de las colombianas en España. 

Esta fase de la iniciativa MUJER-ERES: el teatro como arte sanador cuenta con el apoyo del CNMH, la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) y la Corporación Opción Legal (COL), en el marco del acuerdo de colaboración para desarrollar el proyecto: Fortalecimiento a la participación de las víctimas, Agenda Exilio e iniciativas de memoria con enfoque étnico y de género del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia. 

Día: Del 17 al 20 de octubre 
Lugar: Espai Memorial Democràtic 
Carrer del Peu de la Creu, 4, 08001 Barcelona, España. 
Hora: 14:00 

Publicado en Noticias CNMH



Teatro, Víctimas

Lecciones chilenas para hacer teatro sobre memoria

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Juan Pablo Daza

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Juan Pablo Daza

Publicado

27 Nov 2017


Lecciones chilenas para hacer teatro sobre memoria

Martín Erazo, dramaturgo chileno, cuenta cómo el teatro ha sido una herramienta para dar a conocer las historias que la dictadura silenció durante años.


La dictadura militar chilena, desde 1973 hasta 1990, limitó los espacios que antes tenía el arte. Los artistas fueron perseguidos y las obras fueron censuradas. Muchos pasaron a territorios clandestinos, remaron a contracorriente. El teatro no fue ajeno a esa crisis. En 1977, un incendio redujo a nada la carpa de la Compañía La Feria, donde hacía pocos días se había presentado una obra que contaba la vida del poeta Nicanor Parra y criticaba la situación que atravesaba el país. A algunos dramaturgos los paralizó el miedo. A otros, en cambio, los impulsó a seguir a como diera lugar.

Seis años después de terminado el régimen, un grupo de artistas interdisciplinares fundaron el colectivo La Patogallina. Seducidos por el teatro popular, buscaron nuevas formas de llenar los silencios que había obligado la dictadura de casi dos décadas. En los últimos veintiún años han producido obras como “El húsar de la muerte”, que cuenta la historia del prócer de la independencia y guerrillero Manuel Rodríguez, o “1907: el año de la flor negra”, que retrata una matanza de obreros ocurrida a principios del siglo XX. La Patogallina autodefine su teatro como callejero, educativo, popular y transgresor.

Martín Erazo, director artístico de ese colectivo, visitó Colombia a final de octubre en el marco del festival de teatro Entreacto, organizado por el Museo Nacional de la Memoria, del Centro Nacional de Memoria Histórica, como parte del proyecto de cooperación Sur-Sur con el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile. Erazo dio un taller en Bogotá, donde construyó un proceso de creación colectiva alrededor de la idea de un museo de memoria. El resultado de ese taller fue un performance callejero presentado en la Plazoleta del Rosario.

Hablamos con él sobre el teatro como herramienta para la memoria y sobre las lecciones que Colombia puede aprender de Chile en esa materia.

Usted dice que su misión como dramaturgo es contar una historia alternativa a la oficial. ¿Cómo ha sido la tensión entre esas dos historias en Chile?

Nosotros hemos abierto un canal donde nos encontramos con un montón de cosas que desde la historia oficial son muy difíciles de entender. Y también hemos podido reconocer a ciertas personas e ideologías clave en Chile que rayan con la historia oficial. Entonces creo que hay dos cosas. Una es que hemos hablado de esos temas históricos que están ahí dormidos en el inconsciente chileno. Y lo otro es que no lo hemos contado desde el homenaje secular, donde solo hay buenos y malos, sino que lo hemos humanizado y lo hemos tratado con humor.

¿Dónde se ubica la memoria que ustedes hacen entre la objetividad y la ficción?

Nosotros a partir de los datos duros armamos una ficción, cuya base es provocar una emoción y un reconocimiento con el público. No solamente hablo de la pena sino de la alegría. Por ejemplo, en el caso de una matanza, nos interesa contar también la cotidianidad de la gente, su intimidad, cómo se organizaban, cómo eran los niños. Como compañía, partimos de la base de que somos ignorantes. Finalmente, lo que hacemos es también una lucha contra la ignorancia nuestra y del público. Es muy difícil que alguien tenga empatía con algo, que se reconozca con algo, si ni siquiera sabe que existe. La gente que ve las obras se sorprende y no puede creer que esto haya pasado en Chile.

¿Esos procesos de memoria con el teatro empezaron a pasar durante la dictadura o después de que acabó?

Yo estaba en la escuela durante la dictadura. El teatro que vi en esos años era trabajado con precariedad, era contestatario, era de resistencia, era perseguido. Pero había un sentimiento en mí de que ahí había algo muy serio, como que había cosas que no se podía hacer. No podías criticar ciertas cosas, a ciertos héroes. Era todo demasiado blanco y negro. Una de las primeras cosas que hicimos nosotros fue tratar de ampliar esas dimensiones. Antes, en el teatro político, era drama, drama y drama, nada de humor.

Hablando del humor, ¿cree que hay que poner límites a la hora de abordar algunos temas sensibles?

Nosotros somos bien directos. Nos metemos en los temas que nos apasionan. No cogemos temas históricos solo porque sí, sino que realmente reconocemos hitos profundos. Pero cuando nos metemos con eso, no nos reservamos nada a la hora de transmitirlo. Nuestro humor no es de chistes, sino de mirar momentos irónicos de la vida real. También usamos humor e ironía a la hora de hablar de los poderes. Es un humor de imagen, no de chistes. Y como no son chistes, nunca han provocado ningún reparo.

¿Esas nuevas dimensiones narrativas las permitió el tiempo y la distancia con los hechos dolorosos?

Claro. Nosotros vivimos la dictadura como niños. Más como un reflejo del miedo de nuestros padres. Era un miedo que ellos nos inculcaban. Y pasaba algo muy oscuro y es que el buen teatro era clandestino, el teatro comercial era malísimo, casi no venían artistas extranjeros. Estábamos como encerrados en el sur. Pero de repente esto explota y hay un vuelco de alegría popular, podíamos salir a la calle en tranquilidad. Se empezó a fraguar un proceso y hubo un boom cultural durante los primeros años de la transición.

¿Cómo fue esa transición para ustedes como artistas?

Lo que hizo la dictadura en Chile, que es más o menos lo que hace en todos lados, fue destruir la cultura. Y además había una persecución a los artistas. Eso, de a poco, empezó a retejerse. Fueron llegando generaciones de jóvenes que venían sin ningún miedo. Al final el miedo fue una cuestión que marcó mucho a las generaciones. Había gente que se autocensuraba. Pero, a medida que se desvanece el miedo, van saliendo nuevas dinámicas.

¿El miedo siempre inmoviliza o también puede llevar a actuar con más fuerza?

En nuestro caso, lo que nos movilizó fue más la rabia que el miedo. Pero veo por ejemplo a mis padres y siento que el miedo entró, quedó y cambió un circuito que tenían las vidas de esas personas. No daban ganas de meterse en política: era preferible proteger a tu familia y a ti mismo. Ahora que lo preguntas, creo que fueron dos cosas las que impulsaron el Chile actual: la represión por parte de las estructuras de poder y la construcción de un modelo económico. Años después, ahí estamos los grupos artísticos y sociales tratando de reencontrar a Chile con su identidad, que es sumamente compleja, y tratando de que la gente se vuelva a involucrar en lo político.   

¿Cómo se plantean desde el teatro esa lucha para volver a meter a la gente en la política?

Yo creo que los países son como las personas: les pasan cosas que los trauman. Entonces el país debe reconocer sus traumas, abrirlos y limpiarlos de alguna manera. La virtud que tiene el teatro es que puede sacar las cosas y mostrarlas a través de la emoción. No estamos hablando de una cosa intelectual que te tienes que aprender, sino de la historia de un ser humano que se para frente a ti y te emociona. Solo que es una historia verídica. Y eso te manda a pensar “¿por qué yo no sabía eso?”. La gente va, se sorprende, investiga. El tema principal para empezar a movilizarse es salir de la ignorancia.

Acá en Colombia muchas veces han sido las mismas comunidades de víctimas las que han buscado su voz a través del arte. ¿Eso pasa también en Chile?

En una escala muy pequeña. Durante los noventa, el arte hablaba bastante de los temas que tenían que ver con la dictadura. Pero no era hecho por víctimas sino por artistas. Otra particularidad es que esas corrientes artísticas ni siquiera tuvieron que ver mucho con la juventud en ese momento. Eran hechas por la gente mayor. Después sí, como te decía antes, hay una relectura de esos temas por parte de las nuevas generaciones.

Ustedes tienen ya un Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. ¿Cómo ha contribuido ese espacio a la construcción de la memoria a través del arte?

Además del contenido que tiene el propio museo en sus exposiciones, ha ayudado la relación que tienen con los artistas. Más allá de ser un lugar que guarda las memorias, el museo se ha transformado en un hito cultural. Allá se presentan funciones de obras en distintos lenguajes artísticos y eso lo abre más hacia la comunidad. La gente lo reconoce como un espacio de reflexión, de memoria, pero también de encuentro.

A medida que la dictadura se va alejando en el tiempo, ¿le parece que los temas de memoria a través del arte tienden a agotarse?

En la medida que la vida sigue, la creación va a seguir. Nosotros nada más nos hemos metido en cuatro o cinco puntos de la historia. Nos quedan miles. A mí no me queda vida para hacer la memoria que me interesa llevar a escena. No se va a acabar porque al final el tema es la humanidad. 

Publicado en Noticias CNMH



Chile, Memoria, Teatro

Préstele su cuerpo a un líder social asesinado

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Autor

Manuela Ochoa

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

11 Sep 2018


Préstele su cuerpo a un líder social asesinado

La dramaturga Carolina Vivas y la docente Maribel Ciodaro presentaron en la Fiesta del Libro de Medellín “Aquí estamos”, un performance que buscaba ponerse en los zapatos de los líderes silenciados en Colombia. Los defensores de la vida y los derechos humanos, son los protagonistas del Museo de la Memoria Histórica presente por estos días en Medellín.


¿Quienes eran los 144 líderes sociales asesinados o desaparecidos desde la firma del Acuerdo de Paz en noviembre del 2016, hasta julio de este año, según cifras del Observatorio de Memoria y Conflicto? ¿Qué les gustaba comer? ¿Con quién vivían? ¿Por qué los mataron? Estas fueron algunas de las preguntas de las que partió “Aquí estamos”: un performance dirigido por la dramaturga Carolina Vivas y la docente Maribel Ciodaro, que se presentó el domingo pasado en el Parque de los Deseos de Medellín, como parte del programa del Museo de la Memoria Histórica de Colombia en la Fiesta del Libro.

La acción artística recorrió de forma circular el Parque de los Deseos. Un grupo de actores, vestidos con trajes amarillentos y zapatos embarrados, sostenían maniquís metálicos cubiertos con faldas, pantalones, camisas y blusas. Se movían como las nubes. Poco a poco formaron un público: espectadores de todas las edades que los perseguían a pesar del calor. Los acompañaba también la música del polaco Henryk Górecki, específicamente su “Sinfonía de las canciones de lamento”. Respiraban despacio.

Sus rostros cambiaron progresivamente de la mirada fija en el horizonte al contacto visual con el público, de la pesadumbre al júbilo. De repente, corrieron hacia la explanada donde bailaron e hicieron bailar a los maniquíes; los unos con los otros, en parejas, en grupos. Su ropa y sus zapatos cargados de tierra, se desempolvaban con cada movimiento. Se acercaban a contarnos cuál era su comida favorita o a cantarnos un pedazo de una canción. Poco a poco, cayeron al piso con un ramo de flores y un nombre escrito en un papel. Murieron. Los mataron.

Seguimos al grupo de actores y dejamos atrás los cuerpos simbólicos. Nos sentamos todos en un salón, donde volvió la música de Górecki. Mediante fotografías y testimonios de líderes asesinados en el Cauca y en la región Caribe, los actores encarnaron a sus familiares. Nos contaron sus recuerdos. Se proyectaron nombres de hombres y mujeres asesinados, y los aplaudimos al unísono. Celebramos su memoria, su legado.

Carolina Vivas y Maribel Ciodaro trabajaron bajo la consigna: “Préstele su cuerpo a un líder social asesinado” y durante cuarenta minutos, lo hicimos. “Aquí estamos”en homenaje a las personas que han muerto por defender el medioambiente, la tierra, los derechos humanos, la vida.

Encuentra aquí la programación completa del Museo de la Memoria Histórica de Colombia en la Fiesta del libro.

Publicado en Noticias CNMH



Fiesta del Libro, Museo, Teatro, Voces para Transformar a Colombia

Desde el teatro mujeres exiliadas cuentan sus historias

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Autor

Isa Rubilar Parra

Fotografía

Isa Rubilar Parra

Publicado

27 Nov 2018


Desde el teatro mujeres exiliadas cuentan sus historias

Mujeres colombianas exiliadas y refugiadas en España, presentaron en la ciudad de Barcelona el pasado 2 y 3 de noviembre su obra “Mujer-eres: el teatro como arte sanador”.


Por: Ricardo Robayo

Esta iniciativa, liderada por La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas, reúne a más de 40 mujeres víctimas del conflicto armado colombiano que tuvieron que abandonar el país a causa de la violencia. Ellas comenzaron su labor en 2004, exigiendo ser tenidas en cuenta en las decisiones a la hora de hablar de migración forzada, esclarecimiento de la verdad, reparación y los derechos de las sobrevivientes de la guerra en en Colombia.

“Mujer-eres: el teatro como arte sanador” se empezó a trabajar desde 2016 con el apoyo de dramaturgos que las capacitaron en técnicas de teatro, lo corporal y performance. También se recolectaron historias de vida de algunas integrantes de la organización, que luego dieron forma a una puesta en escena desde la memoria con una perspectiva de las mujeres frente a las experiencias del exilio.

“Nos sirve como un mecanismo de denuncia de la violación de los derechos humanos, este proceso de Mujer-eres nos ha ayuda a reconstruirnos en la parte sicosocial y también a organizarnos para visibilizar nuestras causas sobre el exilio relacionadas con la situación de derechos humanos en Colombia”, cuenta Mireya Perea integrante de La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas y que fue directora del Comité Regional de Derechos Humanos en Sabana Torres, Santander.

Mireya y su esposo denunciaban la desaparición forzada de campesinos y las persecuciones en contra de los defensores de derechos humanos en su región. Esta valentía, y fortaleza, los llevó a que empezaran a recibir constantes amenazas de muerte por parte de grupos paramilitares que operaban en la zona, obligándolos a desplazarse forzadamente y luego salir del país para salvar sus vidas.

  • Escenas de la presentación de la obra “Mujer-eres”.

  • Escenas de la presentación de la obra “Mujer-eres”.

Alba Teresa Higuera coordinadora de La Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas afirma que el impacto de la guerra ha sido desproporcionado en la vida de las mujeres. “Las huellas de estas violencias están escritas en nuestro cuerpo, en nuestro territorio, en nuestras familias, en nuestros procesos comunitarios”, pero también rescata la transformación de estos hechos victimizantes para convertirlos en acciones de resiliencia.

“Uno de los resultados de este proceso Mujer-eres, fue la publicación del libro Rompiendo el silencio: aportes a la construcción de la paz desde el exilio, publicación que contiene los relatos de vida de siete compañeras que fue publicado a inicios de este año”, concluyó Alba Teresa.

“Mujer-eres: el teatro como arte sanador” contó con el apoyo durante estos tres años del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (CNMH), la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD) y la Corporación Opción Legal (COL).

 

“Las mujeres que hoy nos encontramos aquí, ninguna eligió ser desplazada ni exiliada, el desplazamiento forzado es un delito de lesa humanidad y crimen de guerra. El gobierno tiene las llaves de mi casa, ¿hasta cuándo?… Los invitamos a colocarse en nuestros zapatos para la exigibilidad de nuestros derechos”.
Fragmento de la obra “Mujer-eres: el teatro como arte sanador”.


 

Publicado en Noticias CNMH

 



Exilio, Mujeres, Teatro

Tres iniciativas de excombatientes que están construyendo paz con arte

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Autor

Camilo Ara

Fotografía

Camilo Ara

Publicado

18 Feb 2019


Tres iniciativas de excombatientes que están construyendo paz con arte

Los invitamos a recorrer tres proyectos de memoria histórica, que nacieron en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación para exmiembros de las Farc. Un documental, una obra de teatro y unos murales, que narran tres visiones de la vida después de las armas.


Los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), para excombatientes de las Farc, se han convertido en lugares de encuentro y creación. Allí, algunas personas han dado, literalmente, un paso de las armas al arte para contarle al país que es posible convivir sin hacernos daño, sin matarnos los unos a los otros.

El Centro Nacional de Memoria Historia (CNMH), por medio de las Iniciativas de Memoria, acompañó durante 2018 tres proyectos artísticos desarrollados por excombatientes de esa guerrilla. Con cámaras de video, brochas, pintura y danza, estas personas narraron su pasó de la violencia a la convivencia.

Un documental

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Yorli, excombatiente de las Farc, es una de las protagonistas del documental “Nunca invisibles, mujeres farianas, adiós a la guerra”.

  • Mural en el parque central de Orito, Arauca.

Una mujer joven sonríe, alza un bebé. Es un niño. También sonríe. Son madre e hijo. Ella relata su historia de vida: el antes, el durante y el después de ingresar a la guerrilla de las Farc, las circunstancias que la llevaron a tomar esa decisión. Sentada, ahí, ahora como excombatiente, comparte sus relatos y hace memoria.  

—Nosotras que somos las protagonistas de esta lucha, que hemos estado allí… además de ser mamás también podemos ayudar a construir una sociedad nueva.

Es Yorli. Habla sin disimulo, mirando fijamente a la persona que la está entrevistando. Su relato, junto al de otras cuatro compañeras y la hija de dos exintegrantes de las Farc, hacen parte del documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”. Seis historias de vida y un único propósito: visibilizar las distintas experiencias y trayectorias de las mujeres en la guerra y su paso a la vida civil. El adiós a las armas. Un documental hecho por ellas, producto de un proceso de encuentro, escucha y conversación.

Los acentos marcados, las diferentes entonaciones, dejan ver que son de latitudes distintas. También sus rasgos muestran la diversidad de Colombia: indígena, afro, mestizas. Todas coinciden en que quieren convivir como iguales. Ese mensaje también lo han enviado otras decenas de mujeres que pertenecieron a esa guerrilla. Según el Censo socioeconómico de las FARC, realizado en el 2017 por la Universidad Nacional de Colombia a 10.015 exguerrilleros, las mujeres representaban el 23% en ese grupo armado.

Las memorias de Mariana, Patricia, Esther, Nancy, Yorli y María Alejandrareflejan los deseos de muchos, que vivieron inmersos en confrontaciones armadas. De mujeres que desean convivir en un país en paz, donde quepan las diferencias, donde no se extermine al que piensa diferente. “Nosotras como mujeres nos interesa mucho aportarle la verdad desde lo que fue nuestra vida militante. No todas las mujeres que hicimos parte de las Farc nos alzamos en armas, otras cumplían más unos papeles de tipo político y clandestino, entonces también decidimos que estas mujeres merecían ser reconocidas… Por eso decimos ‘adiós a la guerra’, dejar atrás las armas y hacer política por las vías legales”, explica Liliany Obando, gestora de la iniciativa “Nunca invisibles”.

Vea el documental “Nunca invisibles: mujeres farianas, adiós a la guerra”.

A 750 kilómetros al norte del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Antonio Nariño (Icononzo, Tolima), donde estas mujeres grabaron “Nunca invisibles”, se encuentra otra experiencia de arte realizada por excombatientes. Está en Arauquita, municipio de Arauca. Allí se escucha en coro decir:

Comenzamos esta noble historia
que pasó en la vida de Colombia.
De la guerra venimos
y a la paz caminamos,
pero para ello reclamamos
nos presten toda su atención…
y al final sólo esperamos
que al comprender lo sucedido,
logremos entre todos…
la reconciliación.

Se trata de la iniciativa de memoria “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, realizada por miembros del ETCR Martín Villa. “Araucando” es un neologismo: una palabra creada por los integrantes de este proyecto, para nombrar lo que hacían en búsqueda de la reconciliación. Una metáfora basada en dejar las armas para empuñar guitarras, tambores y pinturas, que invitan a trabajar desde la diversidad y el reconocimiento del otro a pesar de las contradicciones. “A través de la cultura hemos ido a muchas partes y hemos dado a conocer qué clase de personas somos y no como la humanidad creía que éramos. No somos inhumanos”, dice Alcides Silva, un afro con mostacho y mirada perdida.

Luego de un proceso de formación y reflexión sobre memoria histórica, nació la idea de una obra de teatro. “El montaje es una alegoría de vivencias de la guerra y la paz, en la que se muestran acontecimientos claves de la vida de tres excombatientes en el tránsito hacia este camino: dejación de armas, entrega colectiva de elementos u objetos de guerra y encuentro con sus familias. A través de ellos, van narrando sus vivencias en el marco del conflicto armado, mientras se ven enfrentados al dilema de continuarlo o tomar el camino de la paz”, explican los autores de este proyecto en el cuaderno “Desde el arte araucando caminos de reconciliación”, que también surgió en este proceso.

Richard Díaz, gestor de esta iniciativa de memoria, asegura que “a través del arte podemos aportar a la transformación política y social de país, en este caso de forma coyuntural al proceso de paz que estamos llevando a cabo. El arte ayuda a desinhibirnos; ayuda a terminar con temores de vernos al interior, de reflexionar, de acercarnos al otro. Nos ponemos en los zapatos del otro”.

Vea el vídeo en el siguiente enlace sobre esta iniciativa.

Unos murales

Al otro extremo del país, pasando de norte a sur, en Putumayo, está la fundación Caracolas de Paz. Allí, un grupo de mujeres viene trabajando (de la mano de la fundación Inty Grillos y habitantes del ETCR Heiler Mosquera de La Carmelita) en la iniciativa “La ruta del color y la memoria”: una intervención del espacio público a través de murales, que narran las historias de las personas LGBT en la guerra y que invita a los caminantes a hacer una reflexión sobre la reconciliación y la convivencia. Parte de las mujeres de este grupo se reconocen como mujeres lesbianas víctimas del conflicto armado.

Esta iniciativa posibilitó encuentros entre habitantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación “Heiler Mosquera” de La Carmelita, y miembros de los sectores LGBT de Orito, Puerto Asís y Sibundoy. Diálogos que por décadas se pensaron imposibles, que permitieron reconocer los dolores y sufrimientos vividos en la guerra. En esos encuentros se exaltó, principalmente, la apuesta común por construir “una sociedad sin discriminaciones por razones de género, orientación sexual ni ideología política”, explica un cuadernillo que realizó la iniciativa.

Estas galerías a cielo abierto son otra prueba del arte como vehículo sanador de los odios y las marcas de la violencia, como una herramienta para la transformación social. “Este fue el escenario de un encuentro impensado en años atrás, de miradas que se cruzaron en un principio desde los recelos acumulados por la guerra, pero que terminaron en abrazos y sonrisas después de jornadas de trabajo que, desde el juego, el arte y la creatividad, activaron memorias individuales y colectivas que se entrelazaron en la construcción de cuatro murales pintados a múltiples manos”, explica La Ruta del Color y la Memoria.

Las enseñanzas

Durante décadas el país se dividió a causa de la violencia. La guerra nos envolvió en odios, rencores y muerte. Y muchos creyeron que el único camino para lograr sus objetivos, era el exterminio inequívoco de la diferencia. Pero hoy, después de que la guerrilla más longeva de Sudamérica dejó las armas, se abrieron nuevos caminos. Y ejemplo de ello ha sido el trabajo realizado con las experiencias artísticas de los excombatientes por medio de las Iniciativas de Memoria del CNMH.

Estas iniciativas nos han permitido tener “la certeza de la humanidad de los excombatientes y las excombatientes”, como explica Vladimir Melo, coordinador de las Iniciativas de Memoria del CNMH. Y continúa diciendo, que estos proyectos son una oportunidad para “reconocer a los guerreros como seres complejos en sus motivaciones, experiencias, expectativas. La importancia de construir una memoria plural, que integre las voces y los relatos de las distintas personas que han participado en el conflicto armado, para poder escucharnos y hacer viable la paz”.  

La semilla ya está sembrada y depende de la voluntad activa de la sociedad en general, para que ese proceso de germinación llegue a buen puerto. “Debemos darnos la oportunidad de escuchar las voces de quienes vivieron la guerra desde el otro lado. Por eso la memoria debe ser una aliada para la paz y la reconciliación; debe ser un puente que permita acercar a las víctimas y a los excombatientes en el propósito de comprender lo que pasó, y así aportar a la verdad, a la justicia, a la reparación simbólica y a la no repetición de los sufrimientos y crímenes que marcaron el doloroso camino del conflicto armado”, concluye Helga Bermúdez, investigadora del CNMH.

 

Publicado en Noticias CNMH

 


Arte, Teatro, Cine, Memoria, Excombatientes, Farc


Arte, Cine, Excombatientes, Farc, Memoria, Teatro

“El arte nos tiene de pie”, Elena Hinestroza

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Autor

Camilo Lozano

Fotografía

Camilo Lozano

Publicado

22 Oct 2019


“El arte nos tiene de pie”, Elena Hinestroza

Como parte de la agenda cultural de la exposición Voces para Transformar a Colombia, el pasado 10 de octubre se presentó en la cinemateca del Museo La Tertulia “Cantos ancestrales para la vida”, una producción creada por las organizaciones comunitarias: La Casa Cultural El Chontaduro, la fundación Sé quién soy y la agrupación Integración Pacífica para rendir homenaje a las mujeres que son inspiración, bastón y fuerza de sus comunidades.


Combinando música, poesía, danza, saberes ancestrales y teatro esta puesta en escena representó las vivencias de cientos de mujeres, incluidas las mismas protagonistas de la obra, que tuvieron que dejar sus territorios por causa del conflicto armado en el Pacífico Colombiano y empezar una nueva vida. Ahora viven junto a sus familias en el oriente de Cali, un sector marginal de la ciudad en donde las condiciones de seguridad, salubridad y servicios básicos son deficientes.

“El arte nos tiene de pie” afirmó Elena Hinestroza, directora de la agrupación musical Integración Pacífica y actriz de la obra, quien reveló que luego de desplazarse en 2007 de su natal Timbiquí a Cali duró un año en un estado en donde la tristeza era constante, pero fue gracias a la música que pudo superarla. “Cada vez que escribía una canción mojaba la hoja del cuaderno, la arrancaba y volvía a escribir, ya cuando no lloraba decía ya voy sanando, ya me voy sintiendo mejor”, continuó.

Elena considera que la obra no solo es una representación de la vida de cientos de mujeres sino que es un llamado a la acción “mientras allá reclutan para la guerra nosotras llamamos personas para la paz y yo sé que somos más”, dijo y así lo reclama en su canción “Paz para Colombia” que interpretó durante su intervención.

Al finalizar los espectadores aplaudieron durante cerca de cinco minutos y la maestra Hinestroza cerró con la frase “Si las personas que viven en las ciudades nos apoyan gracias, muchas gracias, no nos podemos cansar, vamos a hacer historia”, dejando claro la convicción de todas aquellas mujeres que la acompañaron durante la presentación de seguir construyendo paz, no solo en Cali sino en todo el país.

 


Desplazamiento, Mujeres, Música, Pacífico, Teatro


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