Etiqueta: Informes

La memoria y la justicia

Noticia

Autor

Gonzalo Sánchez Gómez

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

18 May 2018


La memoria y la justicia

Palabras en entrega de Informes del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)   a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)


La memoria y la justicia suelen ser percibidas en diferentes contextos y tradiciones intelectuales de forma antagónica. En los estados totalitarios, la politización judicial, que de hecho tiene lugar, se presta para asociar el aparato judicial a la condición de un simple agente de victimización, más que de protección de derechos. En ese tipo de regímenes, la memoria se proyecta como un lugar de denuncia y resistencia, donde se hacen visibles las impunidades y las responsabilidades criminales y políticas involucradas. La justicia como otro lugar de la opresión, y la memoria como sustituto de la justicia extraviada, resumen de esa contraposición.

En la otra orilla del espectro de tensiones entre la justicia y la memoria, y en un contexto de diferente naturaleza al mencionado anteriormente, la memoria puede constituirse en un grave impedimento para el despliegue de la justicia.  La memoria justiciera que enarbola como lema el ojo por ojo, diente por diente, se contrapone a un accionar ponderado de la justicia, en el cual las responsabilidades y las penas se establecen dentro de una lógica de protección de los derechos de toda la ciudadanía, incluidos los de quienes han sido sus violadores. Mientras la memoria en este caso reclama venganza como rasero de acción punitiva, la justicia defiende derechos.

Ahora bien, estos dos diferentes tipos de antagonismo distan de ser una fatalidad, si bien nos alertan sobre los peligros de la simplificación de la comprensión de las relaciones entre justicia y memoria, como dos opuestos sin más.

En Colombia, las dinámicas que han seguido justicia y memoria no han estado exentas de conflicto. Es sabido que la impunidad en nuestro país, ha sido a menudo no solo una demostración de incapacidad del sistema judicial para enfrentar los elevados niveles de criminalidad y de violencia, sino que la impunidad ha operado muchas veces como parte de un engranaje delictivo de gran envergadura. Con todo, de manera progresiva y en el marco de la creación de una nueva institucionalidad, desde la Ley de Víctimas, y ahora en el marco del proceso de paz adelantado por el gobierno nacional, se ha venido generando una aproximación productiva entre los dos escenarios de esclarecimiento, que hay que celebrar.

En el desarrollo concreto de estas relaciones la documentación judicial, por un lado, se ha convertido en un insumo y en un objeto de análisis importante para la reconstrucción de la memoria histórica, como lo ilustran los informes sobre justicia y paz realizados por el propio CNMH y que hacen parte del acumulado que hoy ponemos a disposición de la JEP.

Por otro lado, los informes de memoria histórica se han convertido a su vez en soporte importante de la acción judicial. De hecho, el CNMH ha producido una serie de informes como parte de medidas de reparación, a solicitud de fiscales, entre otros, Recordar para Reparar, sobre las masacres de Matal de flor Amarillo y de Corocito en Arauca; y La Justicia Que Demanda Memoria, las víctimas del Bloque Calima en el suroccidente colombiano. A esto se suma la incorporación en los fallos judiciales en el plano nacional, y en instancias internacionales como la CIDH, de los contenidos de los informes sobre las masacres de Trujillo, Segovia, la Rochela, el Salado, el Placer etc.

En el escenario de la justicia transicional, en el que se inscribe la JEP, la comprensión de la violencia del conflicto armado dentro de lógicas judiciales como crímenes de sistema, macrocriminalidad, máximos responsables, permite redimensionar el trabajo de esclarecimiento realizado desde Memoria Histórica. En consecuencia, la apuesta que hacemos pública hoy, es la de una invitación al trabajo complementario entre la justicia y la memoria, entre la JEP y el CNMH, sin que ninguno de los dos campos o instancias pierda su sello diferencial.

Ese es el propósito que nos alienta al hacer entrega a la JEP de los informes de acceso público, realizados por Memoria Histórica a lo largo de los últimos diez años, en torno al esclarecimiento de las lógicas del conflicto armado, como un aporte significativo a la inmensa tarea que afronta la Jurisdicción Especial para la Paz. Confiamos en que el análisis de los actores armados, de las diferentes modalidades de victimización, el esclarecimiento y la comprensión de los contextos, las dinámicas territoriales, y el establecimiento de los daños, aspectos todos ellos abordados por el CNMH en sus diferentes informes, habrán de constituirse en insumo para la construcción de la verdad judicial, que tantas expectativas genera no solo en las víctimas, sus principales destinatarias, sino en la sociedad en general.

Ahora bien, no obstante estas líneas de colaboración, es importante reconocer y construir las diferencias entre la verdad judicial y la memoria histórica, sus propósitos específicos y los tipos de relaciones, particularmente con las víctimas. La verdad histórica y la verdad judicial siguen distintas lógicas y sentidos, se asientan en diferentes metodologías y escenarios, y tienen diferentes protagonistas. La memoria, más que a individualizar, apunta abiertamente a desentrañar responsabilidades estructurales, tramas sociales y políticas, con un sentido que no se restringe a la determinación de los victimarios y de las culpabilidades.

Asimismo, el valor dado al testimonio y las modalidades del mismo en una y otra instancia son de diversa naturaleza y alcance, y es fundamental que así se mantengan. La voz de la víctima en el escenario de la memoria histórica excede el rol de simple fuente de información, y la aproximación entre esta y el CNMH se realiza de forma voluntaria exclusivamente. Por ello, aunque la memoria puede aportar a la verdad judicial, la judicialización de la memoria no deja de ser un riesgo, que hay que contemplar.

Mientras que la justicia es y seguirá siendo una atribución estatal, la memoria no dejará de ser esencialmente una construcción social. El lugar de producción y de legitimación de uno y otro campo son irreductibles, y su diferenciación es requerida en aras de preservar la pluralidad como elemento esencial de la democracia.

Desde luego hay muchos pendientes. Pero Colombia ha avanzado mucho en uno y otro campo: el de la justicia y el de la memoria. Fortalecer y potenciar esos acumulados en tiempos de posconflicto turbulento es una tarea de todos, como Estado y como sociedad. 

Señora Presidenta de la JEP, Magistrada Patricia Linares; Magistrada Julieta Lemaitre, Presidenta de la Sala de Reconocimiento: Señores y señoras magistrados y magistradas: en nombre del Centro Nacional de Memoria Histórica les hacemos entrega solemne hoy de nuestro acumulado, materializado en los 80 informes a la vista. Muchas gracias.

Mayo 17 de 2018

Publicado en Noticias CNMH



Informes, JEP

La memoria que demanda justicia

Noticia

Autor

Maria Paula Durán

Fotografía

Maria Paula Durán

Publicado

22 May 2018


La memoria y la justicia

El pasado 17 de mayo el Centro Nacional de Memoria Histórica entregó 80 de sus publicaciones, en su mayoría informes de esclarecimiento en clave de memoria, a la Jurisdicción Especial para la Paz.


En medio de un acto protocolario en las instalaciones de la sede de la JEP, el director general Gonzalo Sánchez —y los directores técnicos de varias áreas del CNMH— entregó a la presidenta de esta entidad, Patricia Linares, y a los magistrados de la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad, el acumulado de investigaciones de memoria histórica que, por diez años, el Centro han construido con las víctimas del conflicto armado.

La magistrada Patricia Linares, quien a lo largo de su carrera trabajó y acompañó de cerca varios procesos del Centro de Memoria, dio apertura al encuentro, manifestando su interés y satisfacción por poder recoger, desde la labor de la JEP, la información, los testimonios y los aprendizajes plasmados en 80 informes de memoria histórica.

Acumulado

La presentación de la entrega estuvo desglosada por la información que los directores técnicos entregaron a la JEP. La primera en hacerlo fue Camila Medina, directora técnica de Construcción de la Memora del CNMH. Medina explicó los aportes de los informes, recogidos en siete líneas de investigación:

  • Memorias regionales, donde se encuentran los informes de los casos emblemáticos que marcaron la historia del conflicto armado.
  • Basta Ya regionales
  • Modalidades de violencia, donde se encuentran los informes de carácter nacional que dan cuenta de distintos hechos violentos como la desaparición forzada, la violencia sexual, entre otros.
  • Actores armados
  • Factores dinamizadores
  • Sujetos victimizados
  • Herramientas metodológicas

(Vea aquí el listado completo de los informes que hacen parte de cada una de las líneas de investigación)

Seguidamente, Andrés Suárez, asesor de la dirección general CNMH, y coordinador del Observatorio de Memoria y Conflicto, presentó los aportes que esta área ha hecho en términos de esclarecimiento. El OMC ha buscado responder la pregunta: “¿Quién le hizo qué a quién, cuándo dónde y cómo?” estableciendo, de esta manera, los presuntos responsables, los hechos victimizantes, las circunstancias de modo, el perfil de las víctimas, y el tiempo y lugar, a partir de 7.644 documentos y 585 fuentes.

Adicionalmente, Margoth Guerrero, directora técnica del Archivo de los DDHH del CNMH, presentó el acumulado y experiencias de esta dependencia. Por un lado, la creación e implementación del Registro Especial de Archivos como mecanismo de protección. Por otro lado, la creación de una Política Pública de Archivos de DDHH, Memoria Histórica y conflicto armado. Y, finalmente, la conformación de archivos plurales. Muchos de estos registros, tanto del Archivo como del Observatorio, han alimentado los informes de memoria entregados a la JEP.

De la misma manera, Álvaro Villarraga, director técnico de Acuerdos de la Verdad del CNMH, presentó el trabajo de acopiar los testimonios de más de 17 mil excombatientes de los grupos paramilitares, en el marco de la ley 1424.

Finalmente, Luis Carlos Sánchez, director técnico del Museo de Memoria Histórica de Colombia, presentó los avances de los diferentes procesos relacionados con la construcción física, de contenidos y programática del Museo. Además, extendió una invitación a la JEP a trabajar de manera conjunta con esta institución, que será un legado y un instrumento para el diálogo intergeneracional.

Memoria y justicia

Gonzalo Sánchez, por su parte, hizo entrega oficial de los textos, precedida de una reflexión sobre la relación entre la memoria y la justicia (Vea aquí las palabras del director del CNMH).  

Sánchez habló de la tensión que ha existido entre memoria y justicia en varios escenarios y sobre los peligros de la judicialización de la memoria pero también de la memoria justiciera. Y, finalmente, habló sobre los momentos en que la justicia ha tomado como insumo a la memoria y también cuando la justicia entiende a la memoria como una forma de reparación.

En suma, para Sánchez, esa relación debe ser complementaria. El acto de entrega de los informes de memoria es, entonces, justamente eso, una apuesta para que dos instituciones, la que trabaja por la memoria y la que trabaja por la justicia, actúen de manera conjunta en pro de la justicia restaurativa, teniendo como centro a las víctimas.

Para cerrar, el profesor Sánchez le entregó el informe Basta Ya a Julieta Lemaitre, magistrada Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad (JEP). “Cuando empezó el trabajo del Grupo de Memoria Histórica, una colega nos advirtió que las víctimas siempre nos harían la siguiente pregunta: ¿Qué van a hacer ustedes con mi palabra? Hoy podemos decir que una respuesta importante es que las estamos entregando a la justicia”, le dijo Sánchez a Lemaitre.

Publicado en Noticias CNMH



Informes, JEP

Informe Hacia el fin del conflicto

Noticia

Autor

Reina Lucía Valencia

Fotografía

Juan Alberto Gómez Duque

Publicado

25 Jun 2018


Informe Hacia el fin del conflicto

Hacia el fin del conflicto, experiencias de desarme, desmovilización y paso de excombatientes a la vida civil en Colombia’ es una publicación resumida del informe ‘Desmovilización y Reintegración Paramilitar, Panorama Posacuerdos con las AUC’, escrito por Álvaro Villarraga Sarmiento, quien dirige la Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica. El texto analiza las experiencias históricas recientes en Colombia sobre desarme, desmovilización y reintegración de excombatientes a la vida civil. Actualmente, este análisis cobra importancia por el proceso de implementación del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC y por la expectativa existente de lograr un acuerdo de paz con el ELN, lo que llevaría de manera general al fin del conflicto armado.


Este estudio encontró que Colombia resulta ser el país del mundo con mayor tiempo (35 años ininterrumpidos), experiencias (14) y programas (9) de reintegración de excombatientes aplicados con secuencia o simultaneidad, de acuerdo con varias modalidades: amnistías y pactos de paz con las guerrillas nacionales casos M19 y EPL o de milicias insurgentes regionales como PRT, MAQL, CRS, MP, MIR, COAR; indulto y reintegración individual de personas desertoras o marginadas de las guerrillas y de pequeñas fracciones guerrilleras regionales casos ERP y ERG, entre otras; y desmovilización y sometimiento a la justicia de los paramilitares. El caso de los paramilitares no fue técnicamente un “acuerdo de paz” entre partes en guerra, sino un acuerdo para la desmovilización, desarme y acogimiento a la justicia de sus estructuras armadas, dada la relación histórica que tuvieron con la contrainsurgencia estatal.

El informe también se ocupó de seguir el rastro a los grupos armados sucesores del paramilitarismo que persistieron o se rearmaron, con particular asociación con economías ilegales y establece que una parte de los integrantes de las AUC lideró después de 2006 su emergencia y estructuración. Igualmente, hace referencia a los operativos y campañas de la fuerza pública y los organismos de seguridad en contra de los grupos posdesmovilización de las AUC, pero concluye que no logran contrarrestar la existencia e incluso la expansión de este fenómeno y que estos grupos son considerados la principal causa de graves violaciones de los derechos humanos en la última década.

El texto concluye que en Colombia, durante los últimos nueve gobiernos, se registra el desarrollo de políticas públicas, instrumentos legales, destinación de recursos, institucionalidad y entes responsables y especializados, para la reincorporación de excombatientes a la vida civil. Esta experiencia denota avances significativos en determinadas coyunturas, especialmente con los pactos de paz entre el Estado –a través de sus gobiernos nacionales – con guerrillas y milicias insurgentes, a la vez que resultados parciales y dinámicas contradictorias en el proceso de sometimiento a la justicia realizado con estructuras paramilitares. En todo caso, pone de presente las ambivalencias, continuidades y rupturas entre la guerra y la paz, de manera que en Colombia a diferencia de otros países con conflictos bélicos internos no se produjo una solución global y simultánea con todas las insurgencias y contrainsurgencias, sino procesos distintos, progresivos, con distancias de décadas.

Igualmente, el informe señala los aspectos críticos de los procesos de desarme, desmovilización y reintegración, algunos de ellos son: 1) El débil marco de garantías de seguridad para la población amnistiada e indultada de las guerrillas. En los noventa, de aproximadamente 5.500 excombatientes acogidos a pactos de paz, aproximadamente un millar fue víctima de homicidio o desaparición forzada por parte de otros actores estatales o irregulares del conflicto. 2) Debilidades notables en las demoras y deficiencias estatales y gubernamentales en muchas de las gestiones y proyectos de los programas de reintegración. 3) Limitaciones notorias referidas al marginamiento de parte importante de la población desmovilizadas de las AUC, reincidencia al paramilitarismo o delincuencial, escasos resultados de empleabilidad y proyectos productivos y deficiencias en la conclusión pronta del proceso de reintegración.

El libro finaliza con recomendaciones dirigidas al Gobierno nacional, a todos los órganos del Estado, a las autoridades territoriales, a la fuerza pública, al Ministerio Público, a los entes de investigación y justicia y a la comunidad internacional, entre otros actores. Recomienda al Gobierno nacional, desarrollar una política nacional de paz permanente, participativa y sostenible, que se comprometa con la superación de la inequidad y la exclusión social; con la recuperación de la vigencia del orden constitucional y del control territorial de forma integral; con la vigencia efectiva del ejercicio de los derechos y garantías fundamentales; y con el fin del conflicto armado y la superación de la violencia sociopolítica, de las mafias y redes delincuenciales que prolongan escenarios de ilegalidad y violencia y de las expresiones vigentes del fenómeno paramilitar.

Publicado en Noticias CNMH



Acuerdos de la Verdad, Desmovilización, Informes

El Bloque Calima cometió 119 masacres entre 1999 y 2004

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

24 Jul 2018


El Bloque Calima cometió 119 masacres entre 1999 y 2004

Este martes 24 de julio lanzamos un informe sobre el surgimiento y accionar de este grupo paramilitar en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca, y su relación con el narcotráfico y otras economías ilegales. El documento es publicado por la Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica.


El Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que operaba en el suroccidente de Colombia, fue responsable de 119 masacres entre 1999 y 2004 y de 3.400 hechos de desplazamiento forzado individual y colectivo. Estos son algunos de los hallazgos del informe “Bloque Calima de las AUC: depredación paramilitar y narcotráfico en el suroccidente colombiano”, el segundo de la serie sobre el origen y actuación de los grupos paramilitares en las regiones de Colombia, que presenta el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), a través de su Dirección de Acuerdos de la Verdad (DAV).

El informe sobre el Bloque Calima de las AUC, que se presentará en Cali, Santander de Quilichao y Popayán, los días 24, 25 y 26 de julio respectivamente, presenta los hallazgos sobre el surgimiento, conformación, expansión y formas de actuación de este bloque paramilitar que operó entre 1999 y 2004 en los departamentos de Cauca, Valle del Cauca y algunos municipios de Huila y Quindío. Del mismo modo, busca dar a conocer la magnitud de los hechos violentos, así como los daños y afectaciones generadas en sectores campesinos, sindicales, grupos étnicos y, en general, la población civil de zonas rurales y urbanas. La publicación también da cuenta de las formas de financiación y los nexos con el narcotráfico y otras economías legales e ilegales del Bloque Calima de las AUC.

Este informe es un aporte al esclarecimiento histórico sobre el conflicto armado y las dinámicas de violencia social y política del suroccidente del país, lo que contribuye a garantizar el derecho de las víctimas y la sociedad a la verdad y la memoria histórica. Además, brinda material que puede constituirse en punto de partida para guiar futuras investigaciones sobre el Bloque Calima y los grupos armados en el país. Y por último, al reunir los testimonios de víctimas, actores de la región y miembros de los grupos paramilitares, brinda más elementos para una mejor comprensión sobre las dinámicas internas de esta estructura ilegal y las razones que definieron y sustentaron su violencia contra la población civil. Por lo tanto, este informe se convierte en un complemento de la verdad que resultará de mecanismos de verdad judicial, en este caso, de Justicia y Paz.

La Dirección de Acuerdos de la Verdad del Centro Nacional de Memoria Histórica recopiló los relatos y las voces de personas oficialmente reconocidas como desmovilizadas del Bloque Calima y otros grupos paramilitares, quienes firmaron los Acuerdos de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica en el marco de la aplicación de la Ley 1424 de 2010 sobre diseñar e implementar un Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad y la Memoria Histórica.

El Mecanismo no Judicial incluye la elaboración de informes de memoria referidos al conflicto armado, la violencia paramilitar desplegada en los territorios y los daños y afectaciones causadas a las víctimas. Estos también contienen testimonios de las víctimas y de otras voces como organizaciones sociales, funcionarios públicos, periodistas y, en general, las personas e instituciones que conocieron sobre las situaciones y hechos tratados.

La información relacionada con la programación de los eventos de lanzamiento del informe del Bloque Calima de las AUC se encuentra en la página web y las redes sociales del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Programación de los eventos de lanzamiento del informe “Bloque Calima de las AUC: depredación paramilitar y narcotráfico en el suroccidente colombiano”.

Cali – 24 de julio
Lugar: Centro Cultural – Salón Madera. Carrera 5 # 6-05
Hora: 2:00 PM

Santander de Quilichao – 25 de julio
Lugar: Auditorio de Comfacauca Calle 5 # 9 – 50
Hora: 9:00 AM

Popayán – 26 de julio
Lugar: Auditorio del Centro Cultural del Banco de la República Carrera 6 # 2 – 78
Hora: 3:00 PM

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AUC, Informes, Lanzamiento

Presentación del informe “Todo Pasó Frente A Nuestros Ojos”

Noticia

Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

29 Jul 2018


Presentación del informe “Todo Pasó Frente A Nuestros Ojos”

El Centro de Memoria Histórica presenta su nuevo informe, sobre el asesinato sistemático a los miembros de este partido político.


Luego de un arduo trabajo de revisión de archivos y de escuchar las memorias de las víctimas sobrevivientes de la Unión Patriótica (UP), el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presenta su último informe de esclarecimiento titulado: “Todo pasó frente a nuestros ojos. Genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002.” Este informe es trascendental para el CNMH por la magnitud de la victimización, la sistematicidad y las enormes heridas que dejó en la democracia colombiana el asesinato de los miembros de este partido político.

El informe presenta una hipótesis explicativa sobre los engranajes, alianzas y recursos, con los que contaron las redes criminales para perpetrar el genocidio de esta corriente política que tantas esperanzas suscitó. Se trata de un texto solidario y preocupado por la suerte de las víctimas que, desde sus memorias compartidas con el CNMH, le permitirá al país comprender la magnitud de los daños individuales y colectivos ocasionados.

El informe explica cómo la UP fue víctima de una violencia sistemática y generalizada, cuyo objetivo fue la desaparición del grupo político por parte de redes y alianzas criminales en las que se vio involucrada parte de la sociedad y la institucionalidad, por acción o por omisión. Fue sistemática porque los actos de violencia en su contra se sucedían uno tras otro, sin detenerse, dirigidos en específico contra sus militantes debido a su identidad política. Fue generalizada porque se presentó en gran magnitud en todo el territorio nacional, con énfasis donde la dinámica de participación política de la UP fue más exitosa y en un largo periodo comprendido entre 1984 y 2002.

Este informe, al igual que los más de cien títulos publicados por el CNMH, no es una narrativa o verdad oficial sino un aporte a la memoria histórica y a la no repetición. Es, además, una invitación a mantener viva la memoria de las víctimas y a rendirles homenaje, a hacer justicia en el campo de la memoria histórica y a debatir sobre las condiciones que hicieron posible el horror.

Esperamos que los lectores encuentren en sus páginas, las huellas de un esfuerzo comprometido con la reparación simbólica de las víctimas y el esclarecimiento de lo ocurrido. El informe es también un aporte a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición (CEV), y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) para seguir avanzando y dilucidando patrones y responsabilidades.

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Informes, Lanzamiento

Más de 400 mil colombianos cruzaron la frontera para huir del conflicto

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Autor

Randolf Laverde

Fotografía

Randolf Laverde

Publicado

30 Ago 2018


Más de 400 mil colombianos cruzaron la frontera para huir del conflicto

 

El Centro Nacional de Memoria Histórica presenta en Bogotá su informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, luego de sus socializaciones con exiliados, instituciones y diferente público en Cúcuta, Quito (Ecuador) y Ciudad de Panamá (Panamá). Este informe es un aporte a la memoria de las víctimas en el exterior.


Durante las dos últimas décadas la población mundial de personas desplazadas forzadamente se duplicó: pasó de 33,9 millones en 1997 a 68,5 millones en 2017, lo que está representando la crisis de refugiados más grave de la historia reciente del mundo. Cada minuto 20 personas tienen que desplazarse a la fuerza, informó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en su último informe de Tendencias Globales presentado en junio de 2017. 

Colombia también está inmersa en esa grave crisis y así lo evidencia el informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨, que el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) presentará en septiembre. Durante el recrudecimiento del conflicto armado interno, entre los años 2000 y 2012, cerca de 400 mil colombianas y colombianos tuvieron que cruzar las fronteras para salvar sus vidas, y las de sus familias, de la violencia de los paramilitares, guerrilleros y agentes del Estado. Pero estimaciones no oficiales hablan de una cifra mucho más alta. 

Venezuela, Ecuador y Panamá han sido los principales lugares de destino de los colombianos exiliados en el conflicto armado. La mayoría de víctimas han sido campesinos, indígenas y afrodescendientes quienes, en muchos casos, sufrieron primero un desplazamiento interno y luego se vieron forzadas a cruzar las fronteras internacionales. Esta forma de violencia, como prolongación del desplazamiento forzado fuera de Colombia, se conoce como éxodo transfronterizo o exilio. 

De acuerdo con la ACNUR, esta problemática se extiende a países como Ecuador, Panamá y Venezuela, donde existe un gran número de víctimas colombianas en situación de “refugio de hecho”, es decir, que no han sido reconocidas con estatus de refugiados por las autoridades de esos países. Las cifras más actualizadas sobre este tema son del 2016, y muestran que el 93% de las personas refugiadas en los países vecinos eran de nacionalidad colombiana. 

A comienzos del 2017, cada mes llegaban a Ecuador aproximadamente 418 colombianos en busca de protección internacional, a causa de la violencia en los departamentos de esa frontera. Hoy, habría unos 100 mil colombianos refugiados o en condición similar en ese país. 

Panamá, por su posición geográfica, es otro de los principales países receptores de colombianos con necesidad de protección internacional. A finales del 2016, había 2.350 colombianos refugiados reconocidos en ese país, y aproximadamente otros 15 mil viviendo en situación similar a la de los refugiados, según estadísticas de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR) de Panamá. 

Venezuela ha sido uno de los países que más ha acogido a población colombiana exiliada a causa del conflicto armado. En el último censo, realizado en ese país a comienzos del 2015, se registraron unos 720 mil colombianos que residían en ese país, casi todos en la frontera y en Caracas. Pero la crisis política y humanitaria que está enfrentando ese país, obligó a muchos de estos refugiados a retornar a Colombia. 

El informe ¨Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras¨ es fruto de un dialogo participativo e incluyente, que se ha nutrido de los aportes de las víctimas que se encuentran en el exterior y de otras que han retornado.

 

PARA MAYOR INFORMACIÓN: 

Juan Pablo Luque
Equipo de investigación
Móvil: (+57) 317 661 0997
Correo Electrónico: juan.luque@centrodememoriahistorica.gov.co 

Ricardo Robayo Vallejo
Enlace de comunicaciones
Móvil: (+57) 318 326 5154
Correo Electrónico: vocesdelexilio@centrodememoriahistorica.gov.co

<< Descargue el informe, “Exilio colombiano: Huellas del conflicto armado más allá de las fronteras” >>

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Conflicto, Exilio, Informes, Lanzamiento

Asiste al lanzamiento del informe de reclutamiento forzado este 12 de febrero

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Autor

CNMH

Fotografía

CNMH

Publicado

01 Feb 2018


Asiste al lanzamiento del informe de reclutamiento forzado este 12 de febrero

  • El Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) recoge 16.879 registros sobre el reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes
  • El informe presenta, no solamente las cifras sino contextos que permiten entender el porqué de los números en distintos periodos históricos, remitiéndose a una revisión bibliográfica desde la génesis de los grupos armados en la década de 1960, y no desde la tipificación del reclutamiento como delito.
  • Con una perspectiva de memoria histórica, este informe interpela nociones asociadas a la niñez y el marco normativo que tradicionalmente han guiado la comprensión del reclutamiento en Colombia.
  • Plantea que históricamente todos los actores en el marco del conflicto armado han llevado a cabo acciones relacionadas con el reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes.
  • El reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes nos habla de trayectorias de vida, de sentidos construidos y de experiencias vividas. Nos habla de personas que han vivido y participado en la guerra.

El informe, “Una Guerra sin edad” tiene como objetivo principal contribuir al esclarecimiento de dinámicas y tendencias históricas del reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes por parte de grupos armados en el marco del conflicto armado colombiano. 

Esta publicación es el resultado de un proceso de investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que empezó en 2015 y cuya metodología permitió que el informe refleje voces provenientes de memorias sociales, relatos, estudios cuantitativos realizados por instituciones del Estado, así como la base de datos del Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del CNMH. Las guerrillas han sido el mayor reclutador con 8.701, el 69% total de los casos. Los grupos paramilitares son responsables del 24% con 2.960 casos, los grupos armados post-desmovilización son responsables de 839 casos que corresponden al 7 %, y la fuerza pública con 3 casos.

Este informe propone, además, un marco de comprensión del reclutamiento que integre voces normalmente no asociadas al mismo. Así, por ejemplo, el informe aborda la literatura existente desde 1960, desde la génesis misma de varios grupos armados ilegales, y no desde el momento en que el código penal tipifica el delito del reclutamiento. 

Así mismo, por medio de cinco capítulos, “Una guerra sin edad” realiza una revisión histórica del reclutamiento a partir de las apuestas políticas y militares de los grupos armados, de acuerdo a los distintos tiempos de la guerra (capítulo 1). También busca comprender la racionalidad de esta práctica entre los distintos grupos armados (capítulo 2). 

Por otro lado, teniendo presentes los sentidos de quienes vivieron esta realidad, el informe busca establecer las diferentes vivencias de los niños, niñas y adolescentes durante su permanencia en filas (capítulo 3). El Informe no solo aborda la problemática desde un enfoque psicosocial, que ha sido el mayormente usado en la literatura, sino que busca desde la perspectiva de la memoria histórica, los testimonios y los contextos históricos, y así comprender las consecuencias del reclutamiento y utilización sobre niños, niñas y adolescentes, familias y otros actores que hacen parte de los entornos de protección en el antes, durante y después del reclutamiento (capítulo 4). 

Finalmente, esta publicación también hace una revisión histórica y crítica de las políticas y mecanismos desarrollados por el país frente a la atención, reparación y prevención del reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes (capítulo 5). Esto, gracias a que durante el proceso de investigación se contó con el apoyo de las instituciones nacionales competentes para esta problemática: el ICBF y la ARN, además del apoyo técnico de UNICEF. 

En suma, el informe es la memoria de una guerra que ha llegado al punto de vincular persistentemente a los niños, niñas y adolescentes a los grupos armados. Una guerra que ha tenido sentido, tiempo y lugar de manera diferenciada por más de 60 años en Colombia. 

Sus memorias nos recuerdan y confrontan frente a una realidad en la que ellos y ellas han debido hallar diferentes formas para afrontar una vida en filas o al servicio de los actores armados. Nos cuestionan indiscutiblemente frente a un día a día en el que familiares, docentes, comunidades, líderes sociales y otros adolescentes o jóvenes han resistido el reclutamiento. Esta es una memoria histórica de un país que ha tenido una guerra sin edad. 

El lanzamiento hace parte de la conmemoración del Día de la Mano Roja, una iniciativa mundial contra el uso de los niños y niñas en las dinámicas de las guerras. El CNMH, por tanto, les invita a sumarse a esta conmemoración con el hash-tag #Levantalamano, para que juntos actuemos contra la utilización de los niños y niñas en la guerra, para reconocer nuestra responsabilidad, como sociedad, frente a la indiferencia que han vivido, y, finalmente, para mostrar nuestro compromiso para garantizar el restablecimiento de los derechos de quienes hicieron parte, y padecieron los dolores que produce la guerra. 

El lanzamiento de “Una guerra sin edad” se hace con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF. 

Inscríbete aquí: http://bit.ly/2DVXBDd 

Lugar: Centro Cultural Gabriel García Márquez – Calle 11 #5-60, Bogotá

Fecha: 12 de febrero de 2018

Hora: 5:30 p.m.

Publicado en Noticias CNMH



Informes, Lanzamiento

Una niñez sumida en la guerra

Noticia

Autor

Daniel Sarmiento

Fotografía

Daniel Sarmiento

Publicado

14 Feb 2018


Una niñez sumida en la guerra

Estas fueron las palabras de Katherine López Rojas, coordinadora, relatora e investigadora principal del “Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombiano: Una guerra sin edad”, el pasado lunes 12 de febrero en el lanzamiento de esta investigación.

 

“Primera vez que yo dormía en un monte y primera vez que me levantaban tan temprano. Era la primera vez que estaba lejos de mi familia, primera vez que yo miraba un arma ahí, que la podía tocar. Primera vez que me colocaba un uniforme. Primera vez que uno no se bañaba en un baño, era ahí en un charquito, en cualquier pozo que hubiera. Primera vez que yo utilizaba botas, que no andaba así en chancletas sino en botas, botas, botas”. (Testimonio de mujer adolescente, 15 años, reclutada por el ELN a los 12 años)


El mayor reconocimiento y sobretodo un profundo agradecimiento a los adolescentes y jóvenes que sumaron sus voces en la construcción del presente informe. A todos ustedes quienes viven en el Catatumbo, en el Meta, en Medellín, Cali, Bogotá, en el Urabá Antiqueño, en Cauca y en diferentes territorios de Colombia, nuestro respeto y sentido reconocimiento por la valentía de compartir sus vivencias con el CNMH, pero sobretodo, con el país. A pesar de sus propios temores e irrefutable interés vital por mantener en reserva sus identidades, nos permitieron compartir y dialogar para poner en palabras algunas de sus experiencias.

Sus voces son el manifiesto de su propia vida, de las de aquellos que aun intentan continuar en silencio por miedo, e indiscutiblemente de todos aquellos niños, niñas o adolescentes que no han tenido voz porque han fallecido en medio del tan prologando conflicto armado colombiano. Nuestro respeto porque hablar sobre reclutamiento y utilización en Colombia aún resulta riesgoso y mucho más para quienes intentan continuar sus vidas luego de ello. Sus voces son un incuestionable llamado a gritos a una sociedad en la que no hemos logrado protegerlos.

El conflicto armado ha atravesado la vida de la niñez y la adolescencia. Ha pervivido por más de 60 años y ha logrado invadir muchas de sus cotidianidades. Aunque los actores armados en Colombia acepten parcialmente algunas formas de reclutamiento y utilización y apelen reiteradamente a las realidades territoriales de las vidas de los niños, niñas y adolescentes como excusa, es evidente que todos y cada uno de ellos desde sus inicios, definió, ordenó y llevó a cabo la vinculación de todas las formas posibles a sus estructuras armadas.

El reclutamiento y la utilización no han sido homogéneos. Las diferencias territoriales y temporales se hacen evidentes e inocultables cuando vemos cómo los mecanismos empleados para lograrlo estuvieron indiscutiblemente atados a los diferentes momentos de la guerra. Como combatientes o “colaboradores” los grupos guerrilleros (FARC-EP, ELN, ERG, EPL), paramilitares, GAPD e incluso la Fuerza Pública, han permitido no sólo la entrada, sino también la permanencia de alrededor de 17000 niños, niñas y adolescentes en los grupos armados, quienes se han visto expuestos a la violencia emanada del conflicto armado. Tejieron por años un tipo de relación con sus bases sociales, dando como resultado el uso de la violencia física o psicológica durante la implementación de la persuasión o la coacción, como mecanismos para llevar a cabo el reclutamiento o la utilización.

Mientras definían como ingresaban a un territorio, cuando entraron en confrontación y disputa por el dominio territorial, o simplemente, mientras se replegaban por el asedio de diferentes actores, permitieron la entrada de cada uno de ellos. En algunos territorios, lo hicieron de la mano con algunas familias, jóvenes, maestros, sin distingo de edad o género, mostrando específicamente cómo en algunos territorios su control era incontestado, incluso apoyado. Así, en algunos lugares de Colombia ha sido claro cómo la entrada a un grupo armado fue casi connatural a un trabajo, a un servicio militar o una forma de lucha ante las condiciones sociales, e incluso en esta misma vía, llegaron a trasladar niños, niñas y adolescentes de una región a otra por la confianza en unos y la marcada sospecha de otros pobladores.

Sin embargo, esta no fue la constante para todos los lugares y poblaciones en el país, líderes sociales de diferente orden se han enfrentado a los grupos armados como respuesta a su arbitraria disposición de cada uno de ellos. Allí, como cuotas de guerra, sus vidas estuvieron al servicio del control ejercido; se insertaron en sus cotidianidades, transitaron por sus parques, impusieron normas de comportamiento sobre los jóvenes, incursionaron y ocuparon sus escuelas como zonas de abastecimiento, trincheras o espacios para la circulación de propaganda asociada al reclutamiento, haciendo explícito siempre el ejercicio de control social sobre las comunidades y la disposición de todo aquello sobre lo que se ufanaban.

Engrosaron sus filas a costa de niños, niñas y adolescentes combatientes y guerreros de los que siempre se pudo disponer. De manera degradante, desde los 6 hasta los 18 años, niñas y adolescentes mujeres, niños y niñas indígenas, fueron reclutados y utilizados por parte de grupos guerrilleros, paramilitares y GAPD en razón del valor estratégico establecido a partir de sus propios intereses. Definieron un perfil y determinaron la aptitud de uno u otro en virtud de sus apuestas militares y estratégicas.

Tanto el reclutamiento como la utilización han encontrado sus raíces desde la misma génesis de los grupos armados y el conflicto armado, pero también han tenido asidero en unas condiciones sociales y culturales que se han vuelto estructurantes de la no real garantía de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Sus cotidianidades ponen en evidencia la gran dificultad para crecer en este país. Muchos se han visto expuestos a entornos familiares y comunitarios no protectores, a una realidad institucional distante de sus intereses, riesgos, anhelos, necesidades, en sí, de sus propias vidas. Todo un andamiaje que manifiesta la dificultad para llevar a cabo una protección integral.

Como niños, niñas y adolescentes ingresaron a un grupo armado o estuvieron al servicio de este. Sus vidas fueron marcadas por aquellas condiciones y parámetros establecidos y determinados por la lógica de funcionamiento de cada organización armada. Un horario, una norma, un tipo de comida, un sinnúmero de actividades, muchas de ellas desconocidas, pero con la apremiante necesidad de aprenderlas a como dé lugar.

Los retazos de su pasado de niñez y adolescencia se mezclaron con las nuevas vivencias de enfrentarse a un combate, a un entrenamiento, a un consejo de guerra, a una labor incesante de inteligencia, al ver la partida de algunos de sus compañeros, al rompimiento de una relación, e incluso, empezaron a reconocer que quizá tenían un compañero del cual jamás debían separarse, un fusil. Eres tu pasado, pero sobretodo, debes ser tu presente armado.

Con todo ello, los murmullos de sus emociones resultaban ir en contra de la tenacidad, masculinidad y virilidad que se deben ostentar en un grupo armado. En medio de un mundo de sospecha, desconfianza y en un claro ejercicio de poder, control y mando, algunos de ellos encontraron lugares pensados, sentidos, imaginados, contados y vividos con unos cuantos.

Como cómplices se escondieron para jugar, para contar algunos de sus temores y recuerdos, sus mayores secretos; para pensar en qué podrían hacer si no estuvieran en el grupo armado, se enamoraron, algunos aprendieron a leer y escribir, otros simplemente anhelaron su pasado y sintieron temor por la incertidumbre de su futuro más próximo, la vida en un grupo armado. Poco a poco construyeron una identidad guerrera de la cual muchos no pudieron escapar.

Aprendieron a caminar durante largas jornadas bajo las adversidades en el día y la noche, a intentar no dormir durante la vigilancia, a no generar la más mínima sospecha en su comandante por la inquietante necesidad de vínculos y relaciones con familiares y amigos, a cumplir el estándar de hombre armado buscado y forjado en el entrenamiento y con ideales coherentes a lo delimitado por su grupo armado. Su autonomía en secreto se agenció adaptándose y ajustándose a la cotidianidad bélica.

Postergaron forzadamente en algunos casos, sus ideales de ser padres o madres debido a la aparente, incesante e interminable labor de hacer parte una estructura armada. Valores como feminidad y niñez no hacen parte de la guerra, muestran debilidad. Así solo contadas adolescentes mujeres pudieron ser madres, aun cuando el futuro de sus bebés ha sido lejano, algunas de ellas tuvieron que dejarlos junto a sus familias extensas o simplemente entregarlos en algún pueblo. Ellas debían volver a ser eso, solamente combatientes, parte de las milicias o los urbanos.

Los inquietaron las muertes de compañeros o la incoherencia frente a la forma como ingresaron, aquello que les prometieron en contraste con su realidad presente. Así, callaron en algunos momentos sus ideas o cuestionamientos por estar al vilo de la muerte. Los tiempos de la guerra finalmente se convirtieron en los tiempos de sus vidas.

Una guerra sin edad, una guerra que los tocó y nos tocó. Familiares de los niños, niñas adolescentes, miembros de sus comunidades, sus profesores, e incluso sus amigos, también han sentido el impacto de ese reclutamiento. Verlos partir, no conocer sus paraderos, resquebrajarse por su ausencia en el hogar, recordarlos y anhelarlos, extrañarlos en sus espacios más próximos, son las reacciones propias cuando alguien no hace parte del diario vivir. Para ellos no fue la excepción, fue su realidad, una realidad en la que sus vidas quedo suspendida por el reclutamiento ¿Dónde estarás?, ¿vivirás?, ¿volverás? ¿me querrás?, ¿me reconocerás?

Un antes, un durante y un despuésde un reclutamiento y utilización en medio del conflicto armado se constituyen en momentos hitos de las trayectorias de vida. Separándose y re encontrándose, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias y comunidades se han visto duramente expuestos a hechos como el desplazamiento forzado, amenazas, homicidios, violencia sexual y violencia basada en género, poniendo en evidencia todos los repertorios de violencia que acompañan el impacto del riesgo del reclutamiento y la ocurrencia misma de este hecho. A pesar de ello, han resistido poniendo de relieve la vida, se han enfrentado a los grupos armados, los han confrontado con un sinnúmero de acciones, los han cuestionado por la vida de todos aquellos que han sido niños, niñas, niñas y adolescentes.

En un país que busca construirse a partir de la paz, pero en el que persiste el conflicto armado no resulta fácil esquivar el reclutamiento, la estigmatización de haber pertenecido a un grupo armado y el vivir en zozobra por la búsqueda constante de los actores armados. Mucho menos encontrar un lugar a pesar de la fragmentación en el tejido social, poder ser reconocido como un sujeto y no sólo como el resultado de un reclutamiento y utilización.

Consciente de la conmemoración del día de hoy, 12 de febrero, día de la mano roja, iniciativa mundial contra el uso de los niños, niñas y adolescentes en la guerra, el CNMH insiste en la necesidad de reconocer lo sucedido durante estos casi 60 años de conflicto, en donde los niños, niñas y adolescentes han sido reclutados y utilizados por todos los grupos armados en Colombia; de asumir la grave persistencia de la situación a la que se encuentran expuestos frente a la incesante posibilidad de las diferentes formas de vinculación.

Por tanto, hacemos un llamado a levantar la mano para que identifiquemos y llevemos a cabo todas las acciones que permitan que cada uno de ellos pueda ver garantizados sus derechos, que nos responsabilicemos de diferentes maneras, sociedad y grupos armados, para que ningún niño, niña o adolescente siga siendo víctima de este hecho y para que aquellos que han sido vinculados a un grupo armado, encuentren un lugar de reconocimiento dentro de la sociedad colombiana de la que siempre han hecho parte.

Publicado en Noticias CNMH



Informes, Niñez

La lucha de la mujer es por un mundo mejor

Noticia

Autor

Daniel Sarmiento

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Daniel Sarmiento

Publicado

08 Mar 2018


La lucha de la mujer es por un mundo mejor

El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora Esta fecha reconoce el esfuerzo y la lucha que día a día las mujeres emprenden por un mundo más justo, que avance en el reconocimiento de garantías y derechos como respuesta a la discriminación, el machismo, el racismo y la violencia de la que continúan siendo objeto.


De acuerdo con la información que reporta el Registro Único de Víctimas el 49,6% del total de víctimas en Colombia, han sido mujeres. Esto corresponde a 4’116.053 mujeres. En su trabajo, el Centro Nacional de Memoria Histórica ha evidenciado tanto las violencias y discriminaciones a las que las mujeres han sido expuestas en el conflicto colombiano, sustentado en un orden social que ha posibilitado las violencias en su contra. Pero también ha destacado la agencia y fortaleza de mujeres que han decidido salir a reclamar sus derechos y los de otros, a defender la vida por encima de todo, y a resistir y crear caminos para seguir viviendo y seguir luchando por la paz, los derechos de las mujeres y una sociedad más igualitaria para hombres y mujeres.

El CNMH ha publicado una serie de productos que reflexionan en torno a los diferentes roles de la mujer en el conflicto y en la construcción de la paz; sobre la forma diferenciada en la que se han visto afectadas por los hechos violentos; y sobre la resiliencia y las formas como han asumido la resistencia desde una posición activa.

LAS MUJERES NO SON TODAS IGUALES
Existen experiencias distintas de ser, de vivir el conflicto y de resistirlo marcadas por las diferencias étnicas, de clase, de edad, de orientación sexual, de identidad de género, e incluso de los papeles que hemos asumido ante la guerra y ante la paz:

LA GUERRA, PARA LAS MUJERES, SE HA VIVIDO DE FORMA DIFERENTE
Las mujeres han sido impactadas por el conflicto de una forma desproporcional y diferenciada por la guerra, han sufrido los impactos de vivencias como el desplazamiento, el despojo y la desaparición, pero tambén han sido afectadas particularmente por violencias como la violencia sexual:

LAS MUJERES HAN ASUMIDO CON AGENCIA UN ROL DE RESISTENCIA Y DIGNIFICACIÓN
Las mujeres no han jugado un papel pasivo antes o durante el conflicto armado, y mucho menos lo hacen en la paz. Con toda dignidad y fortaleza, son agentes políticas, resisten a la guerra, asumen la relcamación de derechos para ellas, sus familias y comunidades, y día a día buscan maneras de sobrevivir:

Publicado en Noticias CNMH



Conmemoraciones, Informes, Mujer

Las voces de exiliados se escucharon en las ciudades y países fronterizos

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Autor

Ricardo Robayo

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Ricardo Robayo

Publicado

28 Sep 2018


Las voces de exiliados se escucharon en las ciudades y países fronterizos

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), realizó durante el mes de septiembre cuatro socializaciones del informe “Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras”. Cúcuta (Norte de Santander), Quito (Ecuador) y Ciudad de Panamá (Panamá), fueron las ciudades y países fronterizos donde se desarrollaron los eventos y que acogen a más del 80% de refugiados colombianos. También se presentó en Bogotá.


En el contexto del conflicto armado colombiano entre los años 2000 y 2012, cerca de 400 mil personas de nacionalidad colombiana se vieron forzadas a desplazarse más allá de los fronteras en búsqueda de seguridad, protección o refugio, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Pero estimaciones no oficiales hablan de una cifra mucho más alta.

En este link puede descarga el informe “Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras”

El informe profundiza en tres casos relevantes: el del éxodo masivo de colombianos a través del Darién hacia Panamá (1996-2004); el del proceso de registro ampliado de refugiados colombianos en Ecuador (2008-2010); y el de las deportaciones y retornos masivos a Colombia desde Venezuela (2015). Estos casos tienen similitudes de estar invisibles, ser masivos, y tener su foco en territorios de frontera.

Con esa reflexión los investigadores del CNMH, Juan Pablo Luque y Randolf Laverde, dieron apertura a la presentación del informe de 388 páginas en el marco de la Fiesta del Libro de Cúcuta (FLIC), el pasado 4 de septiembre. Laverde durante su intervención afirmó: “La mayoría de víctimas exiliadas primero sufrieron las amenazas, los atentados, el asesinato, la persecución, el desplazamiento interno y luego se vieron forzados a cruzar las fronteras”.

Venezuela junto a Ecuador, acogen a la mayor población colombiana exiliada a causa del conflicto armado. En el último censo realizado en el territorio venezolano a comienzos del 2015, se registraron unos 720 mil colombianos refugiados o en situación similar al del refugiado. Pero la crisis entre los dos gobiernos y el cierre de la frontera, obligó a muchos de estos refugiados a retornar a Colombia, varios de ellos retornados forzadamente por la guardia venezolana.

“En Venezuela como exiliados colombianos nos recibieron bien. Luego del retorno forzado por las deportaciones en 2015, entendimos que ahora a nuestros hermanos venezolanos no se les debe cerrar la puerta, nosotros como exiliados sabemos que es llegar a una casa ajena”, cuenta Ana Teresa Castillo coordinadora de la Asociación DEREDEZ Víctimas de la Frontera.

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    Presentación del informe en la Fiesta del Libro de Cúcuta, 4 de septiembre de 2018.

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    Randolf Laverde investigador del CNMH durante la socialización del informe en Quito (Ecuador), 7 de septiembre de 2018.

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    Gonzalo Sánchez, Director del CNMH durante el lanzamiento del informe en Bogotá, 20 de septiembre de 2018. Foto: María Fernanda Arévalo/CNMH.

“Llegan niños no acompañados y madres cabeza de familia, padres, adultos mayores que vienen como colombianos aquí y quedan totalmente desamparados. Las autoridades ecuatorianas nos dicen: bueno, ¿y ustedes? ¿no tienen ni padre, ni madre ni patria?. Testimonio de una afrocolombiana exiliada en San Lorenzo (Ecuador).

Según ACNUR a comienzos de 2017, cada mes llegaban a Ecuador aproximadamente 418 colombianos en busca de protección internacional, a causa de la violencia en los departamentos colombianos de esa frontera. Hoy, habría más de 100 mil colombianos  refugiados o en condición similar en ese país.

“Hablamos de refugiados de hecho, es decir, personas que se marcharon pero no han sido reconocidas en otros países como refugiados. Por ello, damos cuenta de que no se ha contabilizado el real impacto del conflicto armado y por eso el informe es un primer paso para esclarecer la situación”, explicó Juan Pablo Luque, investigador del CNMH, durante la socialización con víctimas exiliadas, representantes de instituciones y academia el pasado 7 de septiembre, en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador.

Para las víctimas colombianas en el exterior, el informe es un aporte para visibilizar sus historias, como afirmó Feliz Caicedo: “Esta investigación nos recuerda lo que vivimos, lo que hemos pasado y el sufrimiento que hemos tenido en el exilio, y estas páginas van a contribuir a la memoria del país, somos parte de Colombia”.

¨Una noche los paramilitares se metieron a territorio panameño y quemaron casas y mataron a unas personas, empezaron a reclutar a los niños. Yo tenía dos hermanos menores que yo, entonces mi abuela nos dijo a la mañana siguiente que nos teníamos que ir porque esa noche iba a pasar algo malo¨, testimonio de una exiliada colombiana en Panamá.

Panamá, por su posición geográfica, es uno de los principales países receptores de colombianos con necesidad de protección internacional. A finales del 2016, había 2.350 personas colombianas refugiadas reconocidas en ese país, y aproximadamente otras 15 mil viviendo en situación similar a la de los refugiados, según estadísticas de la Oficina Nacional para la Atención de Refugiados (ONPAR) de Panamá.

“Esto es muy importante para nosotros porque de alguna manera es sentir que el Estado colombiano volteó sus ojos hacia nosotros, las víctimas refugiadas, estas memorias sigue tejiéndose para evitar que nos olviden”, reitera en sus palabras Lucila Galán, coordinadora de la organización S.O.S. Víctimas del Conflicto Armado Colombiano en Panamá (SOVIC), durante su intervención en el evento de socialización el pasado 12 de septiembre en la Universidad de Panamá.

Estas jornadas terminaron con el lanzamiento del informe en Bogotá, el pasado 20 de septiembre en elCentro Cultural Gabriel García Márquez, que contó con la intervención de varios colombianos exiliados de diferentes organizaciones que participaron en el proceso de investigación.

Para el coordinador del informe, Juan Manuel Zarama, el propósito de esta investigación no es instituirse como la “Biblia del exilio” sino contribuir al esclarecimiento de las situaciones y experiencias que han afrontado miles de personas que se han visto forzadas a salir de Colombia como consecuencia del conflicto armado.

El exilio permanece aún invisibilizado y es una de las grandes deudas en el esclarecimiento de la verdad del conflicto armado, dado que son pocas las iniciativas que buscan esclarecer la lógica detrás de esta forma de violencia. El informe también destaca que además de obligar a salir del país a dirigentes sociales y políticos, la guerra expulsó masivamente a integrantes de comunidades étnicas y campesinas comprometidos con la defensa de sus territorios.

El informe “Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras” es fruto de un diálogo participativo e incluyente, que se ha nutrido de los aportes de las víctimas que se encuentran en el exterior y de otras que han retornado.

Publicado en Noticias CNMH



ACNUR, Exilio, Informes


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